Reducir la brecha de género en tecnología: el camino hacia una sociedad más inclusiva

La industria tecnológica avanza al ritmo vertiginoso de los cambios y las innovaciones del mundo actual. En el último tiempo, acelerado por el escenario de pandemia, su campo de acción ha crecido exponencialmente a medida que abarca cada vez más sectores y actividades de la sociedad. Sin embargo, ante esta expansión, existe una ecuación que permanece inalterada: cada vez menos personas identificadas con el género femenino eligen estudiar carreras vinculadas a la Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemática (CTIM). 

El mismo escenario se repite tanto a escala global como local. Mientras que a nivel mundial solo el 30% de mujeres opta por disciplinas CTIM para su formación superior (UNESCO, 2019), en Argentina hay 33% de mujeres en estas carreras (INTAL BID - Chicas en Tecnología, 2019). Con la permeabilidad de la tecnología ha quedado en primer plano la brecha de género en el sector, una problemática social que genera impacto más allá de la propia industria ya que repercute a nivel social, económico y cultural. En cuanto al escenario local, en la Argentina, los servicios basados en conocimiento (SBC) son una de las actividades más dinámicas de la economía y demandada tanto en el mercado interno como externo. Entre ellos se encuentran los servicios informáticos, que abarcan actividades vinculadas a las tecnologías de la información, software y telecomunicaciones. Una de las principales características de este sector productivo es que se encuentra en constante crecimiento. Según datos del Ministerio de Producción y Trabajo, las empresas de SBC crean empleo un 30% más rápido que el promedio de la economía. Además, el segmento de software y servicios informáticos ofrece salarios 49% mayor que el promedio. A las características de crecimiento, dinamismo y generación de empleo se suma una realidad que también forma parte del panorama global: el exceso de demanda de empleo y el bajo crecimiento de la oferta de empleo capacitado.

Dada la preeminencia creciente de la tecnología, estos datos deberían encender varias alarmas. La brecha de género en el ámbito tecnológico también crea una brecha de género salarial y deja fuera de un sector con potencial a las mujeres y otras identidades de género que actualmente son minoría. Esto repercute en los propios servicios y productos desarrollados por la industria, ya que no se integra al sector una fuerza de trabajo diversa que puede aportar talento y nuevas perspectivas. En cuanto a la dimensión productiva, una mayor participación de mujeres puede contribuir al crecimiento económico del país al cubrir el déficit de profesionales y generar mayor ventaja competitiva. Y en las organizaciones de la industria, el impacto que se genera es que las empresas con mayor diversidad de género suelen tener mejor rendimiento y ser más innovadoras. 

La incorporación de mujeres al ámbito tecnológico permite reducir los sesgos que caracterizan a los desarrollos digitales y favorecer la creación de soluciones más efectivas, seguras e inclusivas. En tiempos en los que la tecnología atraviesa las actividades diarias, forma parte de la interacción social y está presente tanto en ámbitos recreativos como culturales, económicos y de formación, resulta imprescindible poner la lupa sobre las características de las soluciones tecnológicas que moldean la vida cotidiana. 

Zoom a los datos locales 

La investigación “Un potencial con barreras” realizada por INTAL BID y Chicas en Tecnología (CET), que aborda la participación de las mujeres en las carreras CTIM de Argentina a nivel universitario y en el mercado laboral, da cuenta de que entre los egresos totales de las carreras de grado de estas disciplinas, 35% son mujeres y un 65%, varones. En la visualización exploratoria “El lugar de las mujeres en el mapa universitario nacional” desarrollada por CET (http://bit.ly/cet-visualizacion-exploratoria) se puede hacer foco en algunos datos que visibilizan las características de la brecha de género en el escenario local. Por ejemplo, en el sistema universitario nacional, tanto público como privado, 6 de cada 100 personas inscriptas corresponden a carreras relacionadas con Informática y solo 1 de esas 6 personas es mujer. Un caso representativo de los sesgos de género es el del ámbito de la Educación, en el que 9 de cada 10 personas que se inscriben para desempeñarse en Educación Primaria y Especial son mujeres; sin embargo, de las personas que deciden especializarse en Tecnología Educativa, solo 6 de cada 10 son mujeres. Algo similar ocurre en las carreras vinculadas a Diseño: en Diseño de indumentaria y textil, cada 100 personas inscriptas, más de 95 son mujeres; pero la carrera de Diseño de videojuegos cuenta con 5 mujeres de cada 100 inscripciones.

La investigación de Chicas en Tecnología e INTAL BID, que dimensiona cualitativa y cuantitativamente la brecha de género, analiza las principales barreras de elección que alejan a las niñas y jóvenes de las disciplinas CTIM, entre las que se encuentran estereotipos sociales y familiares; factores psicológicos y de socialización que contribuyen a que las mujeres subestimen sus propias habilidades; educación diferencial brindada a mujeres y varones en función de su género y la escasez de mujeres con roles científicos visibles e influyentes.

Oportunidades para dar vuelta la ecuación 

“No podés ser lo que no conocés” es uno de los lemas de Chicas en Tecnología, la organización de la sociedad civil argentina que trabaja para reducir la brecha de género en el ámbito emprendedor tecnológico. CET desarrolla programas de formación para jóvenes adolescentes de la región con el objetivo de que consideren a las disciplinas CTIM como una opción válida para sus carreras profesionales y académicas, y a la tecnología como una aliada para cumplir con diversos propósitos. La organización promueve que las jóvenes desarrollen soluciones tecnológicas con impacto social para resolver problemas de sus comunidades. Con perspectivas de generar un entorno inclusivo y sostenible a largo plazo, CET les ofrece a las chicas de la región propuestas de formación en habilidades tecnológicas, así como también habilidades blandas, de liderazgo y comunicación. 

Para que esa primera inmersión en el ámbito CTIM pueda sostenerse en el tiempo, resulta indispensable que niñas y adolescentes cuenten con mujeres como roles modelos de referencia que sirvan de inspiración, apoyo e identificación para desarrollarse en estas disciplinas. Con ese fin, la organización creó el micrositio Mujeres Argentinas en STEAM (https://chicasentecnologia.org/mujeresensteam/), que reúne a mujeres que lideran y participan en proyectos vinculados a ciencia y tecnología en todo el país. Al acceder al perfil de cada una hay un testimonio sobre su experiencia profesional o académica y un detalle de los proyectos en los que se desarrollan. Geólogas, ingenieras, químicas, informáticas, astrónomas, biólogas, entre muchas profesionales más, abren las puertas al mundo en el que trabajan diariamente para que las niñas y jóvenes de hoy conozcan el universo de posibilidades que tienen a su disposición.

Ante una agenda pública marcada por los desafíos sociales presentes y futuros, la tecnología ha demostrado tener la capacidad de crear un impacto positivo. Al mismo tiempo, se hizo visible la necesidad de que esas soluciones tecnológicas sean desarrolladas por equipos humanos diversos, inclusivos e integradores que contemplen al conjunto de la sociedad en la que intervienen. En un mundo que se transforma a cada paso por el avance de la tecnología, las niñas y jóvenes deben contar con la oportunidad de ser las protagonistas de los nuevos escenarios globales. Su integración al mundo tecnológico permitirá que puedan contribuir a la creación de soluciones con impacto social y a la puesta en marcha de nuevos roles, habilidades y talentos para el desarrollo de la sociedad.

Por Julieta La Casa
@laespaciocasa
Periodista
Lic. en Comunicación Social
Analista de Contenidos y Prensa de Chicas en Tecnología