Políticas de la ignorancia sobre la sexualidad femenina

Las epistemologías feministas han realizado desde mediados del siglo pasado un importante trabajo en la detección de los sesgos androcéntricos y sexistas que afectan la producción de conocimiento. Sin embargo, no ha sido hasta el siglo XXI que se ha abierto el interés sobre el estudio de la ignorancia y su conexión con la dominación sexista. Desde los estudios de la epistemología de la ignorancia se sostiene que no solo el conocimiento se produce, sino también la ignorancia. Esto quiere decir que para hacer un exhaustivo análisis crítico sobre la producción social de conocimiento, es necesario que no solo exploremos aquello que se conoce, sino también aquello que se ignora.

La ignorancia suele ser definida como la falta de conocimiento. Esta definición estándar nos da la idea de que se trata de un fenómeno pasivo, sobre el cual no hay mucho para decir. Sin embargo, aun cuando algunos casos pueden satisfacer dicha definición, si afinamos la mirada crítica en el fenómeno de la ignorancia, es posible detectar que han existido y existen prácticas activas para la producción y el sostenimiento de la ignorancia en cuestiones claves para, por ejemplo, las vidas de las mujeres y las personas racializadas. Este descubrimiento de las epistemologías críticas ha dado lugar a una comprensión más compleja sobre la ignorancia y su relevancia dentro de las estructuras sociales de dominación, exclusión y discriminación.

La filósofa feminista estadounidense Nancy Tuana, en un famoso artículo titulado “The Speculum of Ignorance: The Woman’s Health Movement and Epistemologies of Ignorance”, realizó una taxonomía de distintos tipos de ignorancia que iluminan esta dimensión activa y la conectan con propósitos de dominación social de especial interés para el movimiento feminista.

En primer lugar, Tuana sostiene que la ignorancia puede ser el resultado de la configuración de ciertos intereses políticos. Por ejemplo, al preguntarnos sobre la disponibilidad de anticonceptivos hormonales, nos encontramos con que desde la década de los 60 del siglo XX las mujeres tienen acceso a una amplia variedad, mientras que los métodos anticonceptivos masculinos se limitan todavía hoy a preservativos y vasectomías. ¿Por qué sucede esto? De acuerdo con Tuana, se puede constatar que los laboratorios que comenzaron a investigar anticoncepción hormonal a mediados del siglo pasado decidieron que la inversión en el desarrollo de anticonceptivos hormonales para hombres no iba a ser económicamente beneficiosa. Se consideró que los hombres estarían menos interesados en este tipo de anticoncepción y que, además, no iban a tolerar del mismo modo que las mujeres los numerosos efectos secundarios que conllevan.

En este caso, nos encontramos ante un tipo de ignorancia activa en donde se sabe que no se sabe, pero no importa que no se sepa. Este tipo de ignorancia tiene que ver con que se suele estudiar y producir conocimiento de aquello sobre lo que existe interés. Este interés puede estar afectado de modo negativo o positivo por factores extra científicos, como de dónde proviene el financiamiento para investigar o qué resultados se quieren obtener. Con lo cual, como en el caso de los anticonceptivos hormonales masculinos, la ignorancia algunas veces puede ser el resultado de una cierta configuración de intereses extra epistémicos que afectan las posibilidades de saber sobre algo. Y, en este caso en particular, vemos además que las razones para elegir no saber están directamente relacionadas con estereotipos sexuales involucrados en las relaciones sociales de género.

Una segunda forma activa del fenómeno de la ignorancia se presenta cuando ni siquiera sabemos que no sabemos porque las teorías disponibles y las creencias sociales oscurecen la posibilidad de obtener conocimiento fiable sobre ciertas cuestiones. El ejemplo más claro de este caso de ignorancia en términos de género es el de la historia del clítoris. En la antigüedad se consideraba que el orgasmo femenino era una condición necesaria para la concepción humana. Cuando esta teoría fue desacreditada, el interés en el placer femenino, y en su órgano central, el clítoris, desapareció. Esto desembocó en una falta activa de producción de conocimiento sobre la estructura y función del clítoris, dilatando durante siglos la comprensión sobre la anatomía femenina. En este caso, la centralidad de la reproducción en la sexualidad humana oscureció la mirada sobre la genitalidad femenina. Fueron las feministas de la segunda ola quienes revitalizaron el interés en el clítoris y dieron el puntapié necesario para que se convierta en un foco de interés científico y médico, desplazando el interés meramente reproductivo en el estudio de la sexualidad femenina y centralizando al placer.

La tercera forma activa de la ignorancia que sistematiza Tuana se relaciona con el encubrimiento de intereses de forma intencional. Por ejemplo, si nos preguntamos por qué la comunidad médica no tiene en cuenta los efectos secundarios de los anticonceptivos orales para mujeres, nos vamos a encontrar con investigaciones feministas que muestran cómo es de interés económico para las farmacéuticas no dar a conocer, o sembrar duda, sobre los efectos secundarios de este tipo de anticoncepción. Aquí se trata de cultivar de modo directo la ignorancia. Estamos hablando de un tipo de ignorancia en donde podemos decir que no se quiere que se sepa algo que es de relevancia para las vidas de las mujeres, en favor de los intereses económicos de la industria farmacéutica, vulnerando los derechos de quienes son usuarias de estos métodos. 

Por último, Tuana identifica un último caso de ignorancia activa que se da cuando las consecuencias de que algo se sepa son terribles culturalmente, entonces se prefiere ignorar. Un ejemplo claro es el caso de la falta de estudio del incesto, a causa de la negación social e institucional sobre este fenómeno de abuso, y el desplazamiento de sus consecuencias a otras causas, especialmente en los estratos sociales de mayor poder adquisitivo. Por ejemplo, se intenta explicar la aparición de enfermedades de transmisión sexual en niñas y niños recurriendo a explicaciones como la transmisión por inodoros, o también se desacreditan testimonios de abuso intrafamiliar recurriendo a ideas de implantación de recuerdos falsos. En este caso, nos encontramos frente a un fenómeno de ignorancia activo en donde no se sabe ni se quiere saber. Este es un caso de lo que se conoce como “ignorancia voluntaria”.

Como hemos podido ver, el estudio de la ignorancia en las dinámicas de producción social de conocimiento es un área de interés relevante para el movimiento feminista. En vistas a la construcción de sociedades más igualitarias, la dinámica entre poder, conocimiento e ignorancia debe ser un foco central de las demandas feministas por una ciencia emancipadora que responda a las necesidades vitales de todas las personas.

Por Danila Suárez Tomé
Filósofa
Doctora y Profesora de Enseñanza Media y Superior en Filosofía por la UBA. Es docente del Departamento de Filosofía de la UBA y en la Maestría en estudios y políticas de Género de la UNTREF. Es becaria postdoctoral del Instituto de Investigaciones Filosóficas (SADAF/CONICET)