Las mujeres argentinas en ciencia y tecnología

La exposición continuada a los sesgos y estereotipos de género desde nuestra infancia, las presiones sociales, las expectativas asociadas a los roles de género, y tantos otros factores sistémicos tienen un impacto importante en la elección de las mujeres respecto a carreras vinculadas a la ciencia y la tecnología. No solamente influyen en nuestra concepción de la ciencia y las personas que a ella se dedican sino, también, en la propia percepción de nuestras capacidades y habilidades.

En el año 2017 se publicó una investigación en la revista Science en la que se analizó a partir de qué edad las ideas preconcebidas que asocian una mayor brillantez intelectual al género masculino empiezan a afectar a las niñas. Los resultados fueron estremecedores: los estereotipos que otorgan una mayor habilidad intelectual a los niños que a las niñas emergen ¡a los 6 años! Estos resultados parecieran tener un vínculo directo con los de otros dos estudios en los que se analizó cómo el estereotipo del “genio” limita las carreras de las científicas

Las conclusiones fueron que las mujeres son menos propensas a cursar títulos superiores en campos que, según la creencia establecida, requieren brillantez intelectual. Es decir que a mayor nivel de inteligencia percibida como necesaria para dedicarse a una disciplina, menor es la cantidad de mujeres en ella. Estos datos indican que la idea de “brillantez” está profundamente arraigada en el imaginario popular a la actividad científica (y tecnológica), y en tanto vemos que también está arraigada a la idea de masculinidad, puede funcionar como un factor detractor de la vocación científica en mujeres.

Por eso, pese a los logros en materia de matrícula en educación y el número creciente de estudiantes mujeres en escuelas primarias y secundarias, la disparidad de género en ciencia y tecnología continúa presente en todo el mundo. A nivel global, según la Unesco, las estimaciones sobre participación femenina en la ciencia se ubican en un 29% del total del personal de investigación. ¡Menos de un tercio! América Latina, con un 44%, se destaca frente al 32% del promedio europeo, y constituye una de las regiones del mundo más cercanas a la paridad de género. Dentro de América Latina, Argentina se ubica cuarta en este indicador, con más del 50%, detrás de Bolivia, Venezuela y Trinidad y Tobago.

Esta alta participación nos alegra. Sin embargo, hay otros datos que son bastante desalentadores, porque aún persisten concepciones y prácticas institucionales no explícitas que se reflejan en la ya famosa metáfora del “techo de cristal”. Este concepto surgió en la década de 1970 para graficar una barrera invisible que limita el acceso de las mujeres a los lugares de mayor jerarquía y poder de decisión, y que hoy se extiende a las “paredes de cristal”. 

En otras palabras, ¡las mujeres no estamos en las mesas de decisiones! Miremos algunos números un poco más de cerca.

Muchas en la base, pocas en la cima: el “techo de cristal”

El Registro Unificado y Normalizado a nivel nacional de los datos curriculares del personal científico y tecnológico que se desempeña en las distintas instituciones argentinas (CVAr) indica que en el año 2020 había 59,5% de mujeres y 40,5% de varones. Este dato se mantiene casi en los mismos valores desde 2015. Es importante señalar que las estadísticas disponibles hacen referencia a sexo (no a identidad de género) y solo poseen opciones binarias varón/mujer. No tenemos acceso a estadísticas oficiales que distingan entre diversas identidades de género en el sistema científico-tecnológico y académico argentino. Tampoco sabemos si existen.

A pesar de que existe un alto porcentaje de mujeres que trabajan en ciencia y tecnología, las jerarquías se encuentran masculinizadas: cuanto más alto es el puesto, menor es el porcentaje de mujeres. De hecho, en las categorías más altas y los cargos de investigación de mayor jerarquía, el porcentaje de mujeres y varones se invierte con respecto a lo que ocurre en el nivel inicial (becarios y becarias). Esto se conoce como “efecto tijera”, por la típica forma que toma el gráfico con el que se representan las jerarquías, como este, donde podemos ver el porcentaje de investigadores según el género en el CONICET durante 2019.

Efecto tijera

¿Cómo se reparte la torta?

En organismos como el CONICET, donde el sueldo está tabulado y depende directamente de la jerarquía, la disparidad de género impacta de manera directa en la economía de las mujeres. Pero no es todo: además de ganar menos, las investigadoras reciben un 25% menos de recursos que sus colegas varones para financiar los proyectos científicos que dirigen.

Este fenómeno no se observa solo en investigación. Los principales órganos de políticas científicas tienen autoridades en distintos cargos con un fuerte sesgo de género que tiende a la masculinización. También se observa que la participación de las mujeres en las instancias de evaluación es minoritaria, y lo mismo ocurre en los rectorados y secretarías de las universidades de gestión estatal y privada. Todo esto refuerza la hipótesis del “techo de cristal” también en el ámbito académico

Estos datos, relevados en el Diagnóstico sobre la situación de las mujeres en ciencia y tecnología elaborado por el Programa Nacional para la Igualdad de Géneros del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de Argentina, muestran claramente la distribución desigual de autoridades en organismos científico-tecnológicos y universidades nacionales de gestión estatal en el año 2020.

Cargos jerárquicos por género

Segregación horizontal: las “paredes de cristal”

Si bien la paridad de representación no garantiza necesariamente tener injerencia, es evidente que allí donde somos menos, contamos incluso con menos probabilidades de participar en las decisiones acerca de qué, quién, cómo y dónde se investiga.

Pero ¿qué disciplinas eligen en mayor medida las mujeres? Como ya mencionamos, las expectativas asociadas a ciertos roles de género nos acompañan desde que nacemos e influyen en nuestras decisiones académicas y laborales. Si miramos los números de la matrícula universitaria en 2017, vemos que aquellas disciplinas relacionadas con las tareas de cuidado son las más feminizadas (70% de mujeres) y las ingenierías e informáticas, las más masculinizadas (20% de mujeres).

En definitiva, las mujeres participamos del desarrollo científico nacional, innovamos, descubrimos y creamos, pero todavía somos muy pocas en algunas áreas, no estamos en los puestos jerárquicos más altos y, en consecuencia, recibimos, en promedio, menor remuneración. ¿Cuántas de las actuales estudiantes se dedicarán a la investigación? ¿Cuántas sortearán las dificultades y continuarán en el área? ¿Cuántas se convertirán en Científicas de Acá? ¿Y cuántas de sus historias llegaremos a conocer?

Mujeres por área de estudio (en %)

 

Por Julieta Alcain, Carolina Hadad, Valeria Edelsztein y Julieta Elffman
@cientificasdeaca
Científicas de Acá

* Científicas de Acá es un proyecto colaborativo y solidario para visibilizar la historia y el trabajo de las mujeres y personas del colectivo trans, travesti y no binario en la ciencia y la tecnología en la Argentina, con perspectiva de género interseccional y eje en la diversidad.

El libro Científicas de Acá. Historias que cambian la historia, editado por TantaAgua, se puede conseguir en la web del proyecto y en librerías de todo el país. También está disponible en su versión e-book en todas las tiendas y plataformas digitales del mundo.

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