Entrevista a Dora Barrancos por Sonia Santoro | #8

“Necesitamos mancomunión sorora en la vida académica”

La ciencia está muy en deuda con las mujeres, dice Dora Barrancos. No solo por la baja participación de las mujeres en las disciplinas científicas sino por el insuficiente o nulo reconocimiento al trabajo de las mujeres, por prácticas misóginas arraigadas. En esta entrevista repasa los obstáculos presentes y hace algunas propuestas para subsanar esta injusticia de género. “El techo de cristal es particularmente intenso en las biografías de las científicas. ¿Qué necesitamos las mujeres en el campo científico? Que haya evaluación racional, porque no puedes evaluar de la misma manera con funciones biográficas tan diferentes, existenciales tan diferentes”, apunta.

Dora Barrancos es una reconocida académica feminista de trayectoria internacional. Es socióloga y doctora en Historia por la UNICAMP- Brasil, profesora consulta de la Facultad de Ciencia Sociales de la UBA, investigadora principal del CONICET y directora del CONICET en representación de las Ciencias Sociales y Humanidades desde mayo de 2010 hasta mayo de 2019. Entre 2000 y 2008 dirigió el Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género/FFyL/UBA. Dirigió también el Doctorado y la Maestría en Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Nacional de Quilmes. Se ha especializado en historia de los sectores subalternos, especialmente de las mujeres, a quienes ha dedicado décadas de investigación.

Entre los muchísimos premios recibidos, en 2012 mereció el reconocimiento internacional “Ciencia y Mujeres: 12 nombres para cambiar el mundo”, del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana – CENIEH – Burgos – España.

Actualmente, es asesora ad honorem del presidente de la Nación, Alberto Fernández. 

SS: ¿Podemos decir que hoy todavía la ciencia está en deuda con las mujeres?

DB: Sí, claro, muy en deuda. El panorama es menos aciago en América Latina, porque, es notable, pero América Latina tiene unas tasas de participación de las mujeres muy elevadas, está mejor que Europa, por ejemplo, en la proporción de mujeres. Estos son unos datos de unos dos o tres años de la UNESCO, puede ser que haya mejorado un poco: en el planeta, solo 29% de mujeres está incorporada a algún sistema científico y tecnológico; en América Latina, 45%. En Asia central, llama mucho la atención, 48%; en Asia oriental, 23%; y en Europa, 40%. Quiere decir que Argentina lleva cinco más, y en América del norte, 32%. 

SS: ¿Y más allá de los números de participación?

DB: Eso no quiere decir nada más que esto, una mejor proporción de mujeres no está significando que las mujeres estén, obviamente, igualmente reconocidas que los varones y que tengan efectivamente las mismas oportunidades de hacer biografías ascensionales como los varones. Estas dos cosas: ni el mismo reconocimiento  académico-social–, ni la misma oportunidad de ascenso, o sea que el techo de cristal es particularmente intenso en las biografías de las científicas. Entonces, ahí hay que hacer muchísimo por un proceso de evaluación del desempeño de las mujeres en la ciencia apegado a una mayor racionalidad. Hay que insistir en eso. ¿Qué necesitamos las mujeres en el campo científico? Que haya evaluación racional, porque no puedes evaluar de la misma manera con funciones biográficas tan diferentes, existenciales tan diferentes. Es decir, las mujeres en la ciencia hacen lo mismo que en cualquier otro escenario de la vida real, y por lo tanto, tienen chicos, los cuidan, tienen que ocuparse de ellos, etcétera, etcétera, con las mismas limitaciones que devienen de la casi exclusividad del tractus, del tratado doméstico, y entonces, eso significa una limitación grande sobre todo en el número de publicaciones y, desde luego, en las oportunidades, porque hay que luchar en los laboratorios para el reconocimiento de una autoría. Y ahí puedo explicar otras cuestiones, porque, el lugar que ocupas, sobre todo en algunas ciencias, la Biología, particularmente –dígase, de paso, la Biología es el área de mayor número de mujeres hoy– tiene un hábito cultural en que la publicación revela la importancia de la autoría en los extremos. Cuanto más al extremo está revelando la importancia del autor, generalmente está el director del proyecto y las autorías, en el medio, se sitúan aquellas autoras o autores que tienen menor participación; entonces, alguna vez he dicho, las mujeres están ocupando la medianía del paper. Todo eso se terminaría de eliminar, esta vieja construcción cultural que tiene la Biología y otras ciencias naturales también, respecto del lugar. Es absurdo, porque un paper tiene, seguramente, ya se sabe, una construcción colectiva, entonces, o participas o no participas.

SS: El hecho de que aparezcan en el medio las ubica en un lugar de no reconocimiento. Se ve siempre al primero, ¿o no?

DB: Los dos extremos, el primero y el último. El orden de significación en la autoría es perverso, porque, en general, todavía necesitamos muchos estudios con respecto a esto que acabo de decir, pero vas a encontrar que los autores del medio, a veces hay seis autores, es muy común el ejercicio colectivo... Yo siempre he dicho que la construcción de un paper en esas ciencias es siempre un acto colectivo, casi socialista, a diferencia del acto individual al que en general adherimos quienes trabajamos en las ciencias sociales y en las humanidades. 

Otra cosa que agrego, en la práctica de la construcción, de la elaboración de papers en nuestra práctica de las ciencias sociales y de las humanidades es de muy mal gusto, salvo en algunas ramas muy raras puedo explicar eso, que el director del proyecto de la becaria o del becario aparezca como parte del proyecto. Los ha habido, pero es de mal gusto. En general, una becaria, un becario que hace un paper, en el pie dice “agradezco muchísimo a mi querida directora fulanita de tal”, pero no en la autoría. En cambio –fijate vos cómo son las culturas– en las ciencias naturales, tienen muchísima tradición los papers que ponen como autor a los directores y directoras de proyectos.

SS: Ahí el juego entre el saber y el poder es muy complejo, ¿no?

DB: Exactamente, tienen una larga autorización, entonces, mirá vos cómo son estas tradiciones. Bueno, en un momento determinado, cuando Roberto Salvarezza –entonces presidente del CONICET, ahora ministro– nos propuso, y yo fui de las que suscribí con enorme entusiasmo, que se eliminara la estratificación según la posición de la autoría. En Psicología, por ejemplo, la costumbre manda que las autorías se identifican, simplemente, por orden alfabético; entonces, esa es la cuestión, el ordenamiento se da por orden alfabético; es muy raro –puede ocurrir– que haya una alteración de esta norma, a menos que haya un pacto interno de reconocimiento particular. En fin. Lo que quiero decir es que todo esto, en el fondo, sobre todo, esto de jerarquizar el lugar de la autoría va a contramano de la equidad, porque, en general –insisto– las mujeres van a parar al medio debido a la dificultad de reconocer el papel que han tenido; a veces han tenido una idea que ha sido brillante.

SS: Y cuando estuvo en el CONICET, ¿pudo hacer algo? Recuerdo una norma, la extensión de los plazos para que las mujeres presentaran sus informes, ¿puede explicarlo?

DB: Era una calamidad. Está normalizado que los informes en la categoría de asistente, que es la primera, se presentan año tras año. Entonces, año tras año, estas jóvenes personas se obligan a presentar qué es lo que hicieron; es decir, presentar un informe significa haber hecho un trabajo, es el balance de los papers que publicaste y de las cosas que hiciste, año tras año. Pero después de asistente la presentación es cada dos años, ya en la categoría de adjunto para arriba es cada dos años. Y resulta que para nuestra concepción es escandaloso, porque las mujeres, imaginate, parían y tenían que entregar el informe o estaban a punto de parir y estaban desesperadas por el informe, a ver cómo perfeccionaban esto, estar atentas a si salía o no salía la publicación; la publicación podía haber sido enviada solamente, y había que esperar que el comité comunicara que estaba… Entonces, ahí determinamos algo que era de justicia elemental y que era un tranco en materia equitativa: en el año del parto la mujer está exenta de presentar informes, eso no quiere decir que no se presenten, pero se presentan entonces en una oportunidad posterior.

Yo quiero decir algo, a veces, las constituciones patriarcales en nuestras subjetividades femeninas también son un obstáculo; a menudo hemos encontrado mujeres que han tenido un periplo importante de realización y que tienen una cierta consagración o un cierto reconocimiento a las que les es muy difícil amparar con equidad a las que vienen más atrás; porque ahí hay algo que alguna vez escribimos, que es una suerte de mecanismo proyectivo que dice “si yo pude, ¿por qué ella no va a poder?”.

SS: Claro, no facilitarle nada.

DB: Ahí hay una ruptura de la sororidad, y de tantos años en el CONICET, de diferentes funciones, he encontrado tantísimas anécdotas. Una tremenda, del año 2018, no del siglo pasado, reciente, ocurrió algo muy doloroso en una comisión. El pedido de promoción realizado por una colega fue apoyado por los varones de la comisión en contra de la opinión de las mujeres. Los varones apoyaron y eran más.

SS: Y, ¿con qué argumento le negaron eso?

DB: El argumento era que no encontraban mérito suficiente para la promoción, y fue tremendo comprobar empíricamente lo que muchas veces hemos sabido. Yo he escuchado tantas y tantas veces “yo nunca fui discriminada, jamás”, mujeres que hace diez años tenían cincuenta y cinco años, o sea que hoy ya deben tener sesenta y cinco y me parece que ya deben haber cambiado un poco de opinión; pero era muy común en el 2010 y en el 2005, encontrar mujeres académicas, científicas, no solo en las áreas de las ciencias naturales y de las ingenierías y de las tecnologías, también podías encontrar colegas de nuestros campos, y esa enunciación era tan contestable. Sobre la materia hay muchas anécdotas, una joven que está investigando, justamente, cómo ha sido el desempeño de las mujeres en la ciencia argentina, y tomó una muestra bastante importante, narra, hacía entrevistas por teléfono a las mujeres. “Doctora, la estoy llamando porque estamos haciendo una investigación…” y una mujer le dice: “ah, no, hija, pero yo nunca experimenté ninguna situación discriminatoria”. La joven insiste y la mujer repite: “No, no, yo nunca he tenido nada”. 

Ahí nomás ella corta y a los quince minutos la llama la mujer en una situación muy conmocionante, casi en estado de llanto le dice: “mirá, me hiciste pensar ¡cómo he sido tan torpe, cómo he negado tanto! Y ahí le contó dos o tres circunstancias que son muy habituales, sobre todo, en los mundos laboratoriales, son mundos muy piramidales. 

SS: También negar es una manera de protegerse para estar ahí, ¿no? La masculinización que engancha a muchas mujeres.

DB: Es un mecanismo de defensa que permite seguir navegando en aguas llenas de tiburones. Mujeres que no tuvieron hijos porque se debían a su carrera, mujeres que no se casaron porque había una interpelación tremenda de su vocación como científica; mujeres que imitaron, por lo menos, desde el punto de vista de superficie con vestimentas masculinas, y no tenía nada que ver con las identidades a las que hoy estamos acostumbradas a ver, a sostener y a promover, haga lo que usted quiera, no, no, era un artificio para poder penetrar la malla testosterónica; entonces, gente que lo pasó muy mal. Hay relatos en Europa donde las humillaciones, el bullying es muy común y no se aguanta mucho, por eso en Europa la situación es más grave que la nuestra en términos de participación de las mujeres.

SS: ¿Qué habría que hacer para mejorar la situación?

DB: Lo que más está obstaculizando los desempeños femeninos en las ciencias en general es todavía el inculcamiento temprano de profesiones de mujeres/profesiones de varones.

SS: Los roles estereotipados.

Exactamente, es necesaria una contribución fundamental con becas a las jóvenes que van a hacer, sobre todo, carreras tecnológicas; entonces, en escuela secundaria, media, hay que proveer de becas para sustentar esas carreras, me refiero sobre todo a un área muy desertizada como es la carrera de las tecnologías duras. De una manera general, lo que hay que hacer en los sistemas científicos es hacerlos racionales. Hacerlos racionales no quiere decir, por eso digo, a veces la medida de acción positiva que necesitamos son simplemente la modificación del punto de vista; tener en cuenta la existencia diferencial de las mujeres con relación a los varones y, obviamente, propender a un reconocimiento de esas ausencias temporarias, a veces largas, que tienen las mujeres en orden a que solo limitan la cantidad. Entonces hay que ponerle el ojo fuerte a la calidad de esas realizaciones más que a la cantidad de esas realizaciones de las mujeres. Y sobre todo, insisto, no se puede medir con la misma vara a sujetos tan diferentes en su existencia. Los varones tienen abiertas todas las posibilidades porque no se tienen que ocupar de los tremendos menesteres domésticos, de la sobrevivencia estratégica doméstica, en cambio, las científicas, sí. La otra cuestión, obviamente, es estimular fuertemente a las científicas y a las tecnólogas a formar colectivos de defensa de sus derechos, porque está un poco desertizado en el ambiente académico lo que serían las asociaciones para producir, entonces, modificaciones.

Todavía hay resabios. Es cierto que ha cambiado muchísimo, en estos veinte años, pero la vez pasada una importantísima asociación de una disciplina cuya denominación no voy a pronunciar, pero que es un importante núcleo de mujeres, decidieron hacer dentro de la comisión de la asociación una división interna especializada en género. Se armó una batahola tremenda y algunas personas, machirulas, hasta renunciaron, algunos varones hasta renunciaron. Pero luego hubo un avenimiento, porque efectivamente algo en la mollera debe haber abierto, sobre todo porque, efectivamente, estamos en un país con un gobierno y un Estado empeñado en la paridad, la equidad y la justicia.

SS: Sí, eso se nota.

DB: Entonces, eso nomás hace que esas posiciones cambien, a regañadientes, pero van cambiando. Pero lo que necesitamos es mancomunión sorora en la vida académica.

Por Sonia Santoro
@sonialsantoro
Lic. en Comunicación, periodista
Coordinadora del Observatorio de Igualdad de Género de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires