14 de septiembre: Día Latinoamericano de la Imagen de las Mujeres en los Medios de Comunicación

¿Qué ves cuando me ves?

La ausencia de las mujeres en los medios de comunicación y su tratamiento estereotipado ha sido señalado y denunciado por los movimientos feministas, estudios de género y organismos internacionales desde hace varias décadas. Cuestionan los sesgos informativos relativos al género por los que las mujeres no solo no protagonizan las noticias sino que aparecen de manera estereotipada, asociadas a los roles tradicionales de género como madres, esposas u objetos sexuales, siempre en un lugar de subordinación. Al mismo tiempo, se reconoce a los medios como instituciones capaces de construcción social de sentidos. 

Como respuesta a esto, durante el V Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, en 1990, se decretó el Día Latinoamericano de la Imagen de las Mujeres en los Medios de Comunicación en concordancia con la fecha en que comenzó a emitirse el programa radial “Viva María”, producido y conducido por la periodista Mara Régia Di Perna en Brasil.

En el marco de la Conferencia Mundial de Mujeres en Beijing (1995) se consideró a los medios como una de las 12 áreas de especial interés para conseguir el objetivo de lograr igualdad de oportunidades para varones y mujeres, y surgieron recomendaciones para los medios, pero también para los Estados y la sociedad civil a fin de promover la difusión de mensajes no discriminatorios hacia las mujeres. A los medios se les recomendó, básicamente, fomentar directrices y otras formas de autorregulación a fin de eliminar la imagen estereotipada de las mujeres y los contenidos violentos o degradantes sobre las mujeres, introducir la perspectiva de género en todos los temas y aumentar la participación de las mujeres en la toma de decisiones. En general, los medios de comunicación hegemónica se han resistido hasta el día de hoy a estas recomendaciones argumentando injerencias sobre la libertad de expresión y sus políticas empresariales. Ejemplo de esto fue lo que ocurrió este año en nuestro país cuando se aprobó la Ley de equidad en la representación de género en los servicios de comunicación de la República Argentina, que incorpora un cupo trans en los medios públicos y estimula a los medios privados a tomar algunas medidas inclusivas. 

Otro argumento esgrimido por el sector ha sido que los medios nos son responsables de que su comunicación discrimine por género, ya que solo “reflejan” lo que ocurre en la realidad. Esos argumentos han sido rebatidos. Como dicen Loaiza y Cancino (2009) “los estudios sobre las funciones y los efectos de los medios en el ámbito social han demostrado que la metáfora del espejo, en la cual se suponía que las representaciones de los medios reflejaban o debían reflejar la realidad, ya no es aceptable, pues más que reflejar la realidad, los medios construyen discursos de ésta”. En los últimos años, se produjo “vasta bibliografía relativa a comunicación con enfoque de género”, entendida ésta a grandes rasgos no simplemente como “escribir, informar ni hablar sólo sobre mujeres. Se trata de entender el género como categoría de análisis transversal en todo el proceso comunicativo” (Hasan, 2017).

A partir de junio de 2015, en Argentina los feminismos se instalaron en la agenda pública y política, por lo tanto, empezaron a ocupar más espacio en diarios, radios, tv, webs. Género, patriarcado, e incluso feminismo, vocablos que antes no se conocían o tenían una connotación negativa se hicieron populares, trascendieron las barreras de las “entendidas”. Esto, por supuesto, llegó a los medios de comunicación. En primer lugar, empezaron a dar espacio a este movimiento y las distintas temáticas que fue proponiendo: violencia contra las mujeres, abusos sexuales, aborto legal, seguro y gratuito fueron las principales gestas, pero no solo éstas; también, la participación de las mujeres en los ámbitos de decisión es exigida y visibilizada, la brecha salarial, la necesidad de distribuir la obligación de los cuidados para que no recaiga solo en las mujeres, etc. 

Editoras de género

Además de instalarse en los contenidos, la agenda de género empezó a modificar estructuras de las industrias mediáticas. En Argentina por ejemplo, en 2018, el diario Perfil designó a una Defensora de Lectoras/es en temas de género, cargo ocupado por una filósofa y, luego, por una médica, ambas feministas; en 2019, el diario Clarín designó a una Editora de Género; el diario Infobae también incorporó a una editora, pero con un equipo más amplio (aunque tiempo después renunció); en 2020 la agencia nacional de noticias Telam siguió por el mismo camino. También se gestaron estos roles en los diarios Río Negro y en el Tribuno de Jujuy, así como en el sistema de Medios de la Universidad Nacional de Cuyo o el Servicio de Radio y Televisión de la Universidad Nacional de Córdoba. 

Estos cambios fueron producto del impulso de los movimientos de mujeres y feministas (incluidas las redes de mujeres periodistas y académicas con visión de género), no de los gobiernos ni de las empresas periodísticas. Y por supuesto, son insuficientes, no son homogéneos y estamos lejos todavía de conseguir la igualdad de género. Además, no son avances generalizados, sino son tímidos muchas veces, o sectorizados, y se enfrentan a un sistema que es muy difícil de romper. 

Violencia en los medios

Al mismo tiempo, el auge de los movimientos populares y sus diversas manifestaciones por todo el mundo han puesto de relieve el acoso sexual y otras formas de violencia de género, como el sexismo generalizado y las prácticas discriminatorias omnipresentes en las redacciones, según el informe de la Relatora Especial sobre la violencia contra la mujer, sus causas y consecuencias de julio de 2020. El acoso y el abuso que sufren las periodistas, tanto en línea como en la vida real, son reflejo de problemas más serios de sexismo en la sociedad. En el entorno digital, el acoso puede dar lugar a la autocensura como respuesta al abuso en línea. El hecho de no abordar y condenar las amenazas en línea puede acarrear consecuencias fatales, como lo demuestran las agresiones y los asesinatos de mujeres periodistas que habían sido precedidos por campañas de odio y amenazas en línea. Según una encuesta mundial realizada en 2018 por International Women’s Media Foundation entre casi 600 mujeres periodistas, de las mujeres que habían sido objeto de amenazas y agresiones, casi el 30% había considerado la posibilidad de abandonar la profesión como consecuencia de ello, mientras que cerca del 40% admitió que había dejado de informar sobre determinados temas en razón de dichas amenazas y agresiones. 

Como ha denunciado la Alianza Global de Medios y Género (GAMAG) en distintos documentos, la evidencia demuestra que las recomendaciones de Beijing han sido ampliamente ignoradas por los gobiernos y las compañías de medios, telecomunicaciones y TIC. Los nuevos actores de la industria, como las plataformas de redes sociales, tampoco han asumido la responsabilidad de implementar estrategias eficaces que protejan a las mujeres de la violencia en línea.

La investigación Proyecto Global de Monitoreo de Medios (GMMP) realizada en 2020 reveló que en el mundo persiste una enorme disparidad en la representación de las mujeres y los hombres en los medios de comunicación: las mujeres constituyen solo el 24 por ciento de las personas que se ven en las noticias, el mismo nivel encontrado en 2010. Tendencia que se replica en Argentina, donde además se observó que las mujeres seguimos siendo menos del 30% de las fuentes, aun en temas de salud. Encontró además que a veinticinco años de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer (Beijing), los medios de comunicación están lejos de ser espacios inclusivos para mujeres, mujeres vulnerables y grupos históricamente marginados. Pareciera que hay un estancamiento. En América Latina, las personas indígenas constituyen solo el 1% de los sujetos y fuentes en las noticias televisivas a pesar de ser el 8% de la población de la región. De esta escasa proporción, solo 3 de cada diez son mujeres. 

Se destaca sí, la mayor participación de mujeres en roles de presentadoras. Pero luego, tenemos que analizar qué estereotipos encarnan, o no, las mujeres que ocupan esos roles en los medios. Y ese es otro de los grandes temas para pensar la comunicación de las mujeres y diversidades. 

Estereotipos en los medios

Los estereotipos de género siguen a la orden del día en los medios de comunicación. El año pasado, por ejemplo, la revista Gente publicó en su tapa la foto de la actriz argentina Cecilia Roth, que tiene 65 años, tan retocada que parecía otra persona, una chica de 30 años. Parece todavía inadmisible para los medios salir de ese sinfín de maneras de cosificación lisa y llana de las mujeres. O cómo llamar si no a ese corte, pegue, aclare y borre permanente sobre los cuerpos femeninos. Porque esto claramente no pasa con los varones. Hace unos años, Kate Winslet denunció una portada de la revista GQ: “Puedo asegurarte que han reducido un tercio de mis piernas”. La actriz Kristin Scott Thomas dijo: “No los voy a aburrir con estas historias de mujeres mayores que no consiguen trabajos en películas, pero es verdad. Es desastroso.”. El imposible siempre como horizonte. Es noticia decir “11 actrices de más de 50 que siguen haciendo grandes papeles”, como he leído. ¿Es que después de los 40/50 nos convertimos en la bruja fea y malvada de los cuentos infantiles? Esos son solo algunos de los estereotipos de género que los medios reproducen como práctica naturalizada.

Un monitoreo de avisos publicitarios gráficos de revistas para adolescentes (Para teens, Soy Luna) y de información general (revistas dominicales de Clarín y La Nación) que desarrollamos en 2018 en el área de Género de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, encontró que en las publicidades predominaban los personajes femeninos que cumplían con ciertos requisitos: pertenecer a la clase media y alta; ser joven; tener cabello rubio o castaño, piel blanca, y ser delgada o muy delgada. Dice el informe que son “‘modos de violencia que no son directamente visibles, aunque tienen consecuencias muy visibles en los cuerpos de las mujeres’. El perfil general de los personajes de las revistas y las actitudes y roles que protagonizan son mayoritariamente estereotipados”, concluye. Los medios, sabemos, generan identificación. ¿Qué pasa con las niñas que no encajan dentro del modelo propuesto? Eso es lo que consumen las niñas que están construyendo su subjetividad. Y lo que van a consumir toda la vida, si los medios de comunicación no rompen con los estereotipos de género. Y estamos muy lejos todavía de que los medios rompan con los estereotipos. 

El desarrollo de observatorios de publicidades y contenidos mediáticos para ejercitar la mirada e identificar aquellos discursos que reproducen la violencia machista y estereotipos de género, así como la reflexión y producción de publicidades y programas no sexistas, son buenas estrategias para incorporar en la formación de profesionales.

Pero tampoco hay que descuidar las condiciones laborales en los medios de comunicación, que son de gran precariedad y afectan especialmente a las mujeres y grupos vulnerados. 

Por último, los medios tienen que pensar que las audiencias están cambiando y deben acompañar ese cambio. Hay que tomar nota de que ya no hay un discurso único y las redes amplían la posibilidad de la mirada crítica. Se impone escuchar a las audiencias y entender los nuevos discursos circulantes relativos a lo que es ser mujer y varón hoy, y a las identidades sexuales diversas. 

Por Sonia Santoro
@sonialsantoro
Lic. en Comunicación, periodista
Coordinadora del Observatorio de Igualdad de Género de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires