Prevenir las violencias en adolescentes y jóvenes: nuevo curso-taller de la Defensoría del Pueblo 

En la experiencia desarrollada por el Programa de Atención de Niñez, Adolescencia y Género que llevamos adelante en la Defensoría del Pueblo, la atención de consultas, las capacitaciones realizadas en escuelas y las intervenciones realizadas con motivo de los protocolos establecidos oportunamente, en todo ello, advertimos múltiples situaciones en las cuales adolescentes y jóvenes varones reproducen conductas machistas y violentas de manera habitual, como una expresión naturalizada de prácticas y respuestas del género masculino en sus relaciones con las mujeres y disidencias. 

En los establecimientos educativos, vimos a varones adolescentes manifestar actitudes y comportamientos violentos o machistas en sus primeras relaciones sexuales o en noviazgos incipientes. Utilizando una suerte de “permiso ancestral” para avanzar en y sobre los cuerpos de las niñas y adolescentes, naturalizando un comportamiento abusivo desde temprana edad nos sorprendió y nos resultó harto elocuente. 

La relectura de los textos de Rita Segato, utilizados en nuestras capacitaciones habituales permite iluminar de una manera especial este diagnóstico incipiente. La conceptualización propuesta por la antropóloga argentina en Las estructuras elementales de la violencia, cuando señala que la violencia machista, el sexismo y el racismo, se reproducen de manera automática en las sociedades porque son constitutivos de la estructura jerárquica de dominación, es decir, de las relaciones de opresión y desigualdad preexistentes, resulta pertinente y nos impacta por lo reveladora de las vivencias observadas en las familias atendidas.

Esta violencia estructural que sustenta el paisaje moral de las familias se asemeja a lo que los que militamos activamente en la crítica del orden racial llamamos “racismo automático”. Tanto el sexismo como el racismo automático no dependen de la intervención de la conciencia discursiva de sus actores y responden a la reproducción maquinal de la costumbre, amparada en una moral que ya no se revisa. Ambos forman parte de una tragedia que opera como un texto de larguísima vigencia en la cultura -en el caso del sexismo, la vigencia temporal tiene la misma profundidad y se confunde con la historia de la especie; en el caso del racismo, la historia es muchísimo más corta y su fecha de origen coincide rigurosamente con el fin de la conquista y la colonización del África y el sometimiento de sus habitantes a las leyes esclavistas- (…). (1) 

Más adelante, en otro pasaje del texto citado, Rita Segato refiere a que las conductas sexistas, machistas de forma similar al racismo, constituyen la “argamasa” que sostiene la estructura de dominación no solamente en las relaciones interpersonales sino también en las variables de clase, género y raza, las coloniales, regionales, sociales. 

Vale la pena citarla:

Sin embargo, no basta decir que la estructura jerárquica originaria se reinstala y organiza en cada uno de los escenarios de la vida social: el de género, el racial, el regional, el colonial, el de clase. Es necesario percibir que todos estos campos se encuentran enhebrados por un hilo único que los atraviesa y los vincula en una única escala articulada como un sistema integrado de poderes, donde género, raza, etnia, región, nación, clase se interpenetran en una composición social de extrema complejidad. De arriba abajo, la lengua franca que mantiene el edificio en pie es el sutil dialecto de la violencia moral (…) (2) pág. 121. 

Una de las preocupaciones centrales que tenemos en materia de violencia hacia las mujeres y disidencias es la persistencia del número elevado de femicidios. Reiteramos que a pesar de todas las iniciativas legislativas, judiciales, normativas y preventivas realizadas hasta la fecha, la cifra de un femicidio cada 30 horas –número que oscila levemente en ambos sentidos según los meses del año– es estremecedora e inaceptable. 

Tenemos un panorama del delito que en los últimos años ha sido visibilizado y cuestionado en sus formas de representación, rompiendo los tradicionales clichés de la naturalización de los crímenes hacia las mujeres y las niñas, desterrando, creemos que para siempre, la idea del “crimen pasional” que exculpaba a los femicidas y diluía su responsabilidad penal. 

El relevamiento pionero de La Casa del Encuentro, ONG con la que la Defensoría del Pueblo viene trabajando y articulando acciones de capacitación desde el año 2015, precisamente desde el inicio de la movilización de “Ni Una Menos”, se ha convertido en un aporte inestimable para la investigación y el seguimiento de la violencia de género en su máxima radicalidad. (3) 

Hoy existen varios observatorios y organismos que realizan las mismas acciones, e incluso que toman idénticos indicadores. La Corte Suprema de Justicia de la Nación incorporó también un Registro de Femicidios viendo la gravedad del tema. 

El movimiento de mujeres y disidencias sexuales viene protagonizando una movilización permanente por la erradicación de todas las formas de violencia, con una propuesta de análisis y de acción política denominada “Interseccional”. Este concepto derivado de los estudios de género y en especial de los feminismos populares y enlazados con los movimientos de las trabajadoras y las organizaciones sociales territoriales, propugna un análisis integral de la fenomenología de la violencia, enlazando la cuestión del machismo y del sexismo con las variables de discriminación social, racial o étnica, etaria, regional, en el sentido que anteriormente definía Rita Segato. 

Voy a citar ahora una visión absolutamente despojada de ropaje teórico o académico, encontrada en la investigación encarada por la periodista de la BBC de Londres Margarita Rodríguez sobre la responsabilidad de los varones en la comisión de asesinatos. Ella entrevista a un policía colombiano, cuya identidad permanece en reserva y comenta:

A sus 50 años y sin haber leído el reporte de las Naciones Unidas, hay algo que tiene muy claro:

Yo diría que aquí 93% de los homicidios son cometidos por hombres y 7% por mujeres”, le dice a BBC Mundo. “Siempre encuentro lo mismo: nuestra cultura machista hace que los hombres sean más dominantes, más fuertes, que quieran defender lo suyo a capa y espada y que -como dicen aquí- 'no se la dejen montar de nadie'. Y si a eso se suma el uso de sustancias estupefacientes y la promesa de dinero fácil y rápido en zonas de mucha pobreza, el hombre tiende a ser más violento. Aquí vulgarmente se dice que las mujeres son el sexo débil porque son más maternales y conservadoras. Pero claro que las mujeres matan, sino que generalmente lo hacen en defensa propia”. (4)

La responsabilidad masculina en la violencia de género está altamente confirmada. Pero las reflexiones sobre las causales permanecen en nuestras preocupaciones. Un área de la Defensoría del Pueblo, el Espacio de Psicoeducación en Conductas Violentas (EPECOVI) puso en marcha hace poco tiempo un espacio para el seguimiento de varones violentos a fin de procurar una respuesta integral frente al aumento de las denuncias de violencia. Los ministerios y áreas de género de distintas jurisdicciones están empezando a abordar la temática de manera más profunda. 

En el programa de Atención de Niñez, Adolescencia y Género que coordino, los relatos de las chicas consultantes por el Protocolo de Prevención e Intervención en situaciones de violencia de género nos han dado un conocimiento directo de comportamientos machistas a temprana edad. Llegamos a la conclusión de que la Educación Sexual Integral y otros espacios de formación deben detectar y definir estas conductas con mayor precisión para cooperar en su moderación o revisión, y que es preciso encontrar canales de abordaje para incidir más activamente en la modificación de tales comportamientos. 

En este contexto, llega un pedido desde el área de Adolescentes y Jóvenes en conflicto con la ley penal del Consejo de la Magistratura de la Ciudad de Buenos Aires, consistente en la necesidad de brindar un espacio de capacitación en prevención de la violencia de género para adolescentes involucrados en delitos de violencia de género denominados “leves” como amenazas, hostigamiento, aquellos transferidos por la justicia penal nacional a la Ciudad. Dicha solicitud contactó con nuestro diagnóstico y nuestra preocupación por llegar a tiempo a las vidas de estos adolescentes, y aportar desde una mirada pedagógica e interdisciplinaria herramientas para modificar esas conductas violentas. 

Por ello estamos inaugurando en este mes de junio de 2021 un nuevo Curso de capacitación para adolescentes y jóvenes, derivados por ámbitos judiciales o institucionales diversos, con la coordinación de quien escribe estas líneas, en rol docente, y de Sonia Santoro, coordinadora del Observatorio de Igualdad de Género de nuestro organismo. Contamos con el acompañamiento interdisciplinario psicológico de Viviana Saidon, profesional destacada por su trayectoria en materia de género a fin de evaluar y realizar un seguimiento de las situaciones que surjan de los talleres. También con la participación docente y profesional de los integrantes de EPECOVI y de profesionales del área de Gestión Pública también del organismo. 

A lo largo de varios encuentros grupales y algunas charlas personalizadas, hacemos una propuesta de activa participación en formato taller. Los contenidos han sido seleccionados especialmente para el reconocimiento de elementos referidos al paradigma de los derechos humanos, de los distintos tipos de violencia, las nuevas masculinidades, el análisis de los intereses y de las respuestas que varones, mujeres y disidencias expresan en la vida cotidiana, de la necesidad de modificar y reparar conflictos transitados o en curso. 

Es una propuesta organizada también a partir del pedido del Defensor del Pueblo de la Ciudad, Alejandro Amor, quien nos interpela para generar líneas de acción destinadas a prevenir, a resolver las situaciones de violencia que atraviesa nuestra sociedad y particularmente las mujeres y las infancias. 

Tenemos una visión positiva de los resultados a mediano o a largo plazo. Como dicen las compañeras de Ni Una Menos “nos mueve el deseo”. El deseo de transformar la realidad. 

En este momento quiero evocar a uno de nuestros grandes maestros, el historiador Eric Hobsbawn, quien en su maravilloso y último libro Guerra y paz en el siglo XXI señaló: 

“El siglo XX ha constituido el período más extraordinario de la historia de la humanidad, ya que en él se han dado, juntos, catástrofes humanas carentes de todo paralelismo, fundamentales progresos materiales y un incremento sin precedentes de nuestra capacidad para transformar, y tal vez destruir la faz de la tierra.” (5) 

Tomamos del célebre historiador la conceptualización que refiere a la capacidad de los seres humanos para transformar o para destruir las condiciones de vida de la Tierra. Es una metáfora que, aplicada a las relaciones interpersonales hoy signadas por las violencias, nos insta y da energía para pensar que otra sociedad es posible, aquella que nos propongamos y luchemos por construir. La Utopía de toda nuestra actividad feminista y solidaria. 

 

(1) Segato, Rita. Las estructuras elementales de la violencia. Prometeo, Quilmes, 2003. Pág. 117.
(2) Segato, Rita. Op. Cit. nota 1, Pág. 121.
(3) La Casa del Encuentro. Por ellas, diez años de informes de femicidios en la Argentina, Buenos Aires. Observatorio de Femicidios en Argentina Adriana Marisel Zambrano, 2020.
(4) Rodríguez, Margarita en BBC Mundo, 20 de octubre de 2016: “Por qué las mujeres matan menos” https://www.bbc.com/mundo/noticias-37433790
(5) Hobsbawn, Eric, Guerra y Paz en el siglo XXI, Ed. Booket, 2018.

 

Por María Elena Naddeo
@mariaenaddeo
Titular del Programa de Atención de Niñez, Adolescencia y Género - Defensoría del Pueblo CABA
Co-presidenta de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH)
Ex legisladora porteña