COVID-19 y violencia machista: la masculinidad en tensión

¿Qué paso con los varones durante la cuarentena? ¿El aislamiento puso en cuestión la configuración de varón patriarcal? ¿El encierro fue un factor de riesgo para las mujeres? En medio del aumento de la violencia machista en todas sus formas, la permanencia en el hogar puso en tensión los roles históricamente (y erróneamente) asignados a los varones. Los varones tuvieron que estar 24 horas en el espacio doméstico que les resulta ajeno dada la construcción de masculinidad tradicional.

La pandemia del COVID-19 llegó a finales de febrero de 2020 a la región y entre sus múltiples impactos en las sociedades latinoamericanas, la violencia de género no fue ajena. Las medidas para contener y paliar la emergencia sanitaria agravaron las desigualdades a las que se enfrentan diariamente las latinoamericanas, dejando en evidencia la violencia machista ejercida.

Durante el confinamiento y las medidas de restricción, muchas mujeres se vieron forzadas a aislarse con sus agresores. Esto provocó un aumento de las llamadas a las líneas de atención, pero también se vio un fuerte repunte en las tasas de violencia sexual y feminicidios. En Argentina, por ejemplo, la línea 144 para el asesoramiento y la contención gratuita de las mujeres víctimas de violencia por motivos de género recibió 108.403 comunicaciones, de las cuales el 90% corresponde a la modalidad violencia doméstica.

Según ONU Mujeres, en América Latina, 1 de cada 3 mujeres ha padecido violencia física o sexual en una relación íntima a lo largo de su vida. Una de las principales estrategias de control de los varones que ejercen es la de aislar a la víctima, por eso el fortalecimiento de los servicios de atención y seguimiento de la violencia hacia las mujeres, niñxs y adolescentes cumple un rol fundamental en tiempos de cuarentena.

¿Qué ocurre con los varones que son una amenaza para las mujeres? ¿Es posible dejar de ser un varón machista violento? ¿Se pueden desarmar prácticas vinculadas al ejercicio de someter y vulnerar a otras personas? Vivimos en una sociedad patriarcal que nos atraviesa a todxs y la realidad muestra que es necesario modificar esa forma de ejercer la masculinidad. La incomodidad que para el género masculino produce este aislamiento (encontrarse alejado de la lógica productiva, patriarcal y machista) puede ser una ocasión para que los varones reflexionemos y hagamos un proceso de transformación de nuestras vidas. Repensarse y replantearse la masculinidad hegemónica y las relaciones de género a fin de transformar las dinámicas de complicidad machista. Poder reconstruir formas de ser varón, involucradas en la lucha contra las desigualdades de género y la erradicación de la violencia de género es un camino a transitar. Solo a través de la toma de conciencia, el propio cuestionamiento, la responsabilidad y la renuncia de los privilegios (que este sistema otorga a los varones por el simple hecho de nacer varones) es que se pueda construir otras formas de habitar la masculinidad que sea libre de violencias. 

En este sentido, el historiador francés Ivan Jablonka sostiene: “Nuestros Estados que tanto valoran la igualdad y la justicia, carecen desesperadamente de hombres afectos a esos valores. Nuestras democracias tienen un punto ciego: la justicia de género, que exige que desaparezcan las desigualdades entre los sexos. El desafío para los hombres no es ‘ayudar’ a las mujeres a ser independientes, sino cambiar lo masculino para no someterlas”. En Argentina, la Ley 26485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales, fue promulgada en abril de 2009 y es en el marco de esta ley, así como en tratados internacionales de derechos humanos, que se desarrolla el trabajo de los grupos psico-socio-educativos para varones que ejercen y/o ejercieron violencia. Sin embargo, son pocos los dispositivos que funcionan. La Dirección de la Mujer del Gobierno de la Ciudad tiene una lista de espera de 600 varones que están solicitando asistencia y el grupo del Hospital Álvarez no tiene cupo hace dos años y funciona hace diez.

El objetivo primario de este tipo de espacios es, a través del trabajo con varones, contribuir con el cuidado y la defensa de la mujer, la protección hacia la mujer y hacia los niños; y el segundo objetivo es la reducción de los comportamientos violentos que son difíciles de desaprender porque están enraizados en un aprendizaje dentro de una cultura patriarcal y machista. La realidad muestra que no alcanza solo con medidas punitivas (una perimetral o dispositivos duales como pueden ser las tobilleras) porque no transforman la práctica de las personas que ejercen violencia. Si no se logra modificar la configuración de masculinidad patriarcal, un varón va a seguir ejerciendo violencia sobre otras parejas mujeres.

La problemática requiere el involucramiento de los varones ya sean denunciados o no, responsabilizándose de la violencia ejercida y realizando un abordaje desde una perspectiva de género y de derechos humanos. Es necesario diseñar estrategias diversificadas de prevención desarrollando políticas, programas y acciones dirigidos a involucramiento de los varones en la igualdad de género. Por este motivo, es necesario incorporar a la población masculina en la prevención de la violencia de género para colaborar con un verdadero acceso a la justicia por parte de las mujeres. Decisiones judiciales que apelen a la responsabilidad de los varones para que participen de estos espacios obligatoriamente puede ser una respuesta no punitiva más allá de las medidas de restricción. 

Referencias Bibliográficas

  • Azpiazu Carballo, J. Masculinidades y Feminismos. Virus, Barcelona, España, 2017.
  • Fernández Baccardo, M. Masculinidades y mandatos del patriarcado neoliberal. Una lectura psicoanalítica con perspectiva de género. Entre Ideas, Argentina, 2018.
  • Jablonka, I. Hombres Justos. Del Patriarcado a las nuevas masculinidades. Anagrama, Argentina, 2020.
  • Palazzasi, A. y García, L. Masculinidades y prevención de violencia de Género en América Latina. Memorias Curso Virtual. Quito, 2017.

Por Esteban Vaccher
@estvacc
Periodista, Lic. en Trabajo Social, Educador popular
Coordinador de grupos para varones que ejercen violencia - Espacio de Psicoeducación en Conductas Violentas (EPECOVI) - DPCABA