Cuidados, género y pandemia. Lo que el COVID-19 puso en evidencia

Durante la pandemia, muchos de los temas ligados a la distribución desigual del sistema de cuidados en salud entre los géneros de larga data se amplificaron al suspenderse el poder contar con las redes más extensas de cuidado, incluyendo las institucionales, como la escuela. En ese contexto, la sobrecarga a un sector de la sociedad como las mujeres madres con niñxs chicxs aumentó. El ideal de que se entretengan con actividades acordes a la edad y que puedan realizar, a su vez, la educación online mientras las familias continuaban trabajando fue, y está siendo, complejo.

La pandemia hizo su entrada en una sociedad que todavía no había repartido las tareas de cuidado, de manera equitativa, entre mujeres y varones, lo cual hizo eclosión en las mujeres subjetivadas aun en el modelo patriarcal (Tajer, 2020a, 2020b). Asimismo, se presentaban tensiones internas al ideal de la maternidad contemporánea: que da cultura, que da entretenimiento, que da producción de subjetividad, al mismo tiempo que se desarrolla profesionalmente, tensión que se incentiva en momentos de crisis por el aumento de la carga de las tareas de cuidado y de reproducción social.

La crisis sanitaria evidenció además que, aun en las relaciones más democráticas de pareja, “la agenda” de lxs niñxs siempre está en la cabeza de la mujer. Los varones que participan reportan, hacen, pero las mujeres son todavía las “secretarias ejecutivas” de las familias teniendo en la cabeza la agenda de todo el mundo. 

Otro aspecto de la organización social de los cuidados que estalló en pandemia ha sido la evidencia de la importancia social de los sistemas de salud y de educación y la poca protección y retribución acorde a su importancia social que tienen quienes trabajan en ambos sistemas. Nuevamente, los cuidados son esenciales, están invisibilizados o solo se ven cuando no están y no están remunerados de acuerdo a su valor social. 

Y lo que también salió a la luz es que, personas que resuelven que quienes cuidan se cuiden no tienen respaldo de cuidados para sostener todo este tipo de cuestiones. Lo mismo aconteció con la atención de adultxs mayores, grupo de gran vulnerabilidad en esta pandemia que cayó, fundamentalmente, en manos femeninas con poca posibilidad de cuidado, en los primeros tiempos, por cuidadorxs profesionales. Esta situación incrementó la sobrecarga, porque las epidemias incrementan las necesidades de lo que se llama cuidados domésticos, que son todas las tareas de reproducción social y, cuando aumentan las personas que las hacen, se exponen más a tener sobrecarga y, por supuesto, es peor su salud, porque se cansan más y están más expuestas al virus por circular más. 

Por otro lado, la paradoja es que pareciera ser que este virus, biológicamente, afectó más a los varones. La tasa de letalidad en varones registrada en los primeros tiempos fue el doble que la de mujeres. Por lo tanto, se observa que, mientras lo que tiene que ver con el impacto social de la enfermedad y con la exposición a la vulnerabilidad por el desgaste y por el tipo de tareas afecta más a las mujeres y, en la determinación biológica, afecta más a los varones. 

Las epidemias muestran las tramas que existen en lo social, y parte de la trama son las relaciones de género. Voy a dar algunos ejemplos que fueron públicos de cómo operan las relaciones de género y su interiorización en las conductas de cuidado y autoatención observadas en la pandemia.

En pleno comienzo del confinamiento, se hizo pública la actitud de un varón de mediana edad que no quiso autoaislarse después de haber vuelto de un viaje al exterior. El vigilador del edificio intentó detenerlo, pero fue golpeado. Ahí se observa un tipo de impunidad incorporada que tiene matriz interseccional de género y clase que se puede expresar en las siguientes enunciaciones: “yo no me cuido y no cuido”, y “¿vos quién sos (varón de clase trabajadora) para detenerme y coartar mi libertad?”. Ahí se observa el modo en el cual la masculinidad y la clase hegemónicas impactan en el sistema de cuidados en sus modos de producción de subjetividad. 

Otro ejemplo de hegemonía de clase combinada con desigualación de género es el de una mujer de mediana edad de Uruguay que volvió de Europa en marzo de 2020; no se autoaisló, fue a una fiesta de quinientas personas, fue a la peluquería y estuvo con la mamá de 84 años y se convirtió en una “contagiadora serial”. Aquí se muestra el modo en el cual, para una mujer tradicional de clase media-alta, el tema de la agenda social “no se suspende por pandemia”, más allá del cuidado del otro y del autocuidado. 

Hace unos años, al trabajar género y construcción de la vulnerabilidad coronaria (Tajer, 2009) habíamos detectado ese tipo de comportamiento, pero para un tipo de problema en salud que solo perjudicaba a quien lo portaba porque no era contagioso. Una entrevistada cardióloga nos había referido el caso de una mujer que había empezado con dolores de pecho por la mañana pero, como tenía una cena muy importante en la que era anfitriona esa noche, postergó su consulta, recibió a todo el mundo y, al otro día, fue a atenderse. Había cumplido su rol social mientras cursaba un infarto y estaba en riesgo (Tajer y col., 2013).

Otro cruce de género, clase y cuidados que se evidenció en la pandemia fue el caso de una cuidadora de comedores comunitarios que pertenecía a un grupo de riesgo de COVID-19, mujer de sector popular que, cumpliendo su rol de cuidadora, no dejó de atender el comedor aun cuando, en ello, se le fue la vida. 

También hemos visto diversas situaciones en que las fuerzas de seguridad, que debían cumplir funciones de cuidado, se aprovecharon para maltratar personas del colectivo LGTBI*.

A modo de conclusión, podemos señalar que entramos en la pandemia tal como ya éramos previamente como sociedad en términos de cuidados y de género. Con varones no subjetivados aún en la lógica del cuidado de sí y de los demás y con una sobrecarga en mujeres que se vio aumentada. Hemos visto, en las casas y en las calles, que las mujeres acatan más que los varones las recomendaciones médicas y de expertxs las medidas para prevenir la expansión del COVID-19 (distancia social, uso de barbijo, mantenimiento de higiene, prestar atención a necesidades de salud de otrxs, frecuencia de lavado de manos, presencia en la primera línea de las actividades esenciales, entre otras). Esto ha sido observado y contabilizado en investigaciones en Estados Unidos, donde no era de uso obligatorio pero sí recomendado, y que han medido que las mujeres usan más barbijo (57%) que los varones (42%) (World Economic Forum 2020), que coincide con la observación en nuestro medio.

Todo lo cual nos lleva a considerar que toda estrategia de cuidados debe incorporar esta información para contar con mensajes específicos para cada población que incluya la perspectiva de género y subjetividad, así como una propuesta que incluya redes comunitarias, tendiendo a una desfamiliarización, democratización, jerarquización y profesionalización de los cuidados.

 

Bibliografía

-Tajer, D. (2009), “Heridos corazones: Vulnerabilidad coronaria en varones y mujeres”, Paidós, Buenos Aires. 

-Tajer, D. (2012), “Construyendo una agenda de género en las políticas públicas en salud” en En Tajer D. (comp.) “Género y Salud. Las políticas en acción”. Lugar Editorial.

-Tajer, D. (comp.) (2012), “Género y Salud. Las políticas en acción”. Tajer, D. (comp.), Lugar Editorial (200 páginas), 2012. ISBN: 978-950-892-412-4. 

-Tajer, D.; Reid, G.; Gaba, M.; Lo Russo, A.; Barrera, M. I. (2013), “Investigaciones sobre género y determinación psicosocial de la vulnerabilidad coronaria en varones y mujeres”, Revista Argentina de Cardiología, Vol. 81, 4, Agosto 2013, 344-352.

-Tajer, D. (Dir.) (2020a), “Niñez, adolescencia y género. Herramientas interdisciplinarias para equipos de salud y educación”. Editorial Noveduc. 

-Tajer, D. (2020b), “Psicoanálisis para todxs. Por una clínica pospatriarcal, posheteronormativa y poscolonial”. Editorial Topía. 

-World Economic Forum (2020), Las mujeres tienen más probabilidades de seguir las medidas de seguridad de COVID-19, muestra un estudio. Recuperado de https://www.weforum.org/agenda/2020/10/women-more-likely-to-follow-covid-safety-measures/

 

Por Débora Tajer
@tajergenero  / @DeboraTajer
Profesora Estudios de Género y Salud Pública, Facultad de Psicología Universidad de Buenos Aires
Ex Coordinadora General Asociación Latinoamericana de Medicina Social (ALAMES) Activista feminista