Salud sexual y reproductiva: avances y alertas en tiempos de emergencia

Hablar de la salud de las mujeres en el año 2021 implica reconocer el gran avance legislativo en materia de políticas de salud por la sanción de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) y, al mismo tiempo, señalar el impacto que la pandemia ha generado en la vida personal y familiar en las relaciones vinculares y sociales. 

Un hecho histórico: ¡Tenemos Ley!

En primer lugar, la sanción del 20 de diciembre de 2020 de la Ley de IVE marca un antes y un después en la vida sexual y reproductiva de las mujeres y de las personas gestantes. La posibilidad de interrumpir un embarazo no deseado dentro de las 14 semanas de gestación por la sola voluntad implica el reconocimiento de la capacidad autónoma de las mujeres, rompiendo así un ciclo histórico de opresión que sujetó a la sexualidad femenina a los mecanismos de control social hegemónicos. Los cuerpos femeninos han constituido un amplio campo de disputas que, todavía hoy, se libran a través de múltiples estereotipos y mecanismos reduccionistas de modelajes culturales.

El debate por el aborto legal, seguro y gratuito se inscribe en la lucha por el pleno ejercicio del derecho a la salud y a la  autonomía de las mujeres. Conformaba una última trinchera, una última línea de fuego donde se dirimía la emancipación de tutelajes ancestrales y del mandato obligatorio de las maternidades no deseadas, impuestas por las tradiciones binarias y por las religiosidades ortodoxas y patriarcales.    

Fue por ello que el debate transitado concentró tanta apasionada presencia mediática y deliberativa. No se trataba solamente de legalizar la interrupción de un embarazo.  Fue una profunda batalla por consagrar el derecho a la salud de las mujeres y la capacidad de decidir sobre sus propios cuerpos y otorgar al Estado, a través del sistema de salud, la obligación de brindar una respuesta integral y gratuita. 

En la media sanción obtenida en el año 2018, el dato fuerte que conmovió a la sociedad y que “hizo temblar la tierra” nuevamente fue la masiva incorporación de adolescentes y de jóvenes en las marchas. La Marea Verde sumó y revitalizó la oleada violeta histórica de los feminismos. Ya no hubo dudas sobre el apoyo social a las demandas de salud sexual y reproductiva. Un núcleo duro del machismo y de las políticas patriarcales de varias de las provincias argentinas impidieron, por pocos votos, la sanción en el Senado en 2018. Para el período siguiente, la promesa presidencial de Alberto Fernández en la campaña electoral generó la fuerza necesaria para la “alineación de los planetas”, la confluencia de la voluntad política del Poder Ejecutivo Nacional, los bloques legislativos con enorme transversalidad y la sociedad civil expresada por la fuertísima marea feminista. 

Educación sexual para prevenir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir

Si bien hay diversas miradas sobre la práctica del aborto, la gran mayoría de las feministas consideramos el aborto como última ratio, como el episodio que es preciso evitar a través de las diversas medidas de planificación y de anticoncepción. Para lograrlo, es imprescindible apropiarnos, desde muy jóvenes, de un conocimiento profundo de la sexualidad y de los métodos anticonceptivos que nos permiten el cuidado de la salud y la prevención de las enfermedades de transmisión sexual (ETS).

No solamente se trata del cuidado de la salud, sino de derechos humanos personalísimos.  Gozar de una sexualidad libre y placentera requiere despojarnos de los temores que invaden toda relación inicial. Por ello, cobra especial importancia la Educación Sexual Integral (ESI), con una fuerte base científica y un contenido humanista para la formación de personas libres de violencias y de discriminación.

Rechazada por los sectores oscurantistas, aquellos que todavía postulan que el conocimiento del cuerpo y de los métodos anticonceptivos aceleran el inicio de una sexualidad temprana. Desde hace décadas, se intenta incorporar a la currícula escolar una formación para la vida que incluya estas temáticas.  

La ESI parte en el nivel inicial del sistema educativo del reconocimiento del cuerpo y las primeras nociones de cuidado para prevenir los abusos. En la enseñanza primaria, se continúa con la deconstrucción de estereotipos de género y con el conocimiento del sistema reproductivo, de la noción de sexualidad y de las diferentes orientaciones sexuales y de género, para llegar a la secundaria con un conocimiento más completo de la sexualidad como derecho humano, la superación de la discriminación y los métodos anticonceptivos más modernos. 

Se trata de un proceso gradual, muy estudiado por el Ministerio de Educación Nacional y aplicado en la Ciudad de Buenos Aires, como así también en numerosas provincias con distintos grados de eficacia. Hay fuertes resistencias todavía: los prejuicios sobre la diversidad sexual, las falsas creencias y los dogmatismos son parte de los obstáculos que la comunidad educativa debe superar.

La concreción de un plan sistematizado y creativo de ESI en todo el sistema educativo a largo plazo será, sin duda, la estrategia más sólida para prevenir el embarazo no deseado, para evitar los abusos y la violencia de género, para desterrar todas las formas de discriminación hacia los géneros y las identidades diversas. En síntesis, para formar seres humanos plenos y respetuosos de sus relaciones interpersonales.  

Fortalezas y debilidades en la pandemia

El efecto de la emergencia sanitaria provocada por la pandemia de coronavirus en nuestro país y en el mundo entero es devastador. Estamos viviendo un momento de catástrofes sociales, económicas, laborales y educativas, hoy expresadas en una segunda ola que nos interpela y que ha demandado soluciones drásticas que requieren de una profunda solidaridad colectiva. En este contexto, la salud integral de la población ve postergada parte de la atención necesaria en función de la emergencia. Esto es innegable tanto en la programación de intervenciones quirúrgicas una y otra vez postergadas, como en los tratamientos ambulatorios, en clínica médica y  en salud mental. El reordenamiento necesario de las maternidades a fin de brindar una atención acorde con la legislación de parto respetado sigue en proceso permanente de revisión, con múltiples obstáculos y algunas dramáticas consecuencias. 

A pesar de ello, los Centros de Salud y Acción Comunitaria de la Ciudad siguieron brindando respuestas en materia de salud sexual y reproductiva. A lo largo de 2020 y en lo que va del año, se continuó la aplicación de la Interrupción Legal del Embarazo (ILE) en casos de violación y riesgo para la vida y la salud de la mujer y, a partir de la reglamentación de la flamante Ley IVE, se inició su cobertura sin mayores contradicciones. La línea telefónica del Ministerio de Salud de la Nación especializada en salud sexual y reproductiva mantiene su tarea permanente con fuerte eficacia. En todo esto, expresamos sucintamente nuestro reconocimiento hacia el personal del sistema de salud, sobrecargado en el contexto de pandemia.

Para el conjunto de las mujeres y para la sociedad en general, el teletrabajo, la recarga de tareas en el hogar a partir de la necesaria virtualidad educativa y las dificultades económicas para quienes ven las actividades comerciales o productivas recortadas para evitar el contagio del COVID-19 están generando fuertes niveles de incertidumbre y malestar social.  

El mensaje tanto de la Defensoría del Pueblo como de los organismos de derechos humanos y del Movimiento de Mujeres cobra cada vez mayor potencia: priorizar el derecho a la salud en sentido integral por encima de cualquier otra circunstancia y recurrir al compromiso solidario y colectivo para superar esta tragedia universal.  

Por María Elena Naddeo
@mariaenaddeo
Titular del Programa de Atención de Niñez, Adolescencia y Género - Defensoría del Pueblo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Co-Presidenta de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH)
Ex Legisladora porteña