Entrevista con Nelly Minyersky por Sonia Santoro | #6

Después de décadas de lucha y con el impulso de la Marea Verde protagonizada por las jóvenes, finalmente, hoy acceder a un aborto es legal. La Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) aprobada a fines del año pasado permite “romper con algo que nos ha arruinado la vida a las mujeres de varias generaciones, que es situar todo lo sexual en lo prohibido”, dice Nelly Minyersky, una de las tantas protagonistas de esta gesta. “Esto nos pasó a todas, estamos todas implicadas, todas las mujeres que si abrimos la boca alguna vez dijimos: ´estoy de acuerdo´, o teníamos un pañuelo verde, todas colaboramos”, apunta.

Nelly Minyersky es experta en Derecho de Familia, dirige el Posgrado Interdisciplinario de Políticas Sociales Infantojuveniles en la Facultad de Derecho de la UBA y, desde 2017, preside el Parlamento de las Mujeres de la Legislatura porteña. Además, durante toda su vida, se involucró en distintos temas vinculados a derechos humanos. Especialmente militó, en los últimos años, en la Campaña por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito, y se la pudo ver en cuanta movilización, marcha, actividad o charla en pos de ampliar los derechos de las mujeres. Las hijas de la Marea Verde le piden sacarse foto con ella. Con su bastón y su cabello rubio, se convirtió en una especie de estrella feminista. Ella lo niega pero habla, en esta entrevista, de lo que significó la aprobación de la Ley IVE y de su vida trabajando por los derechos de las mujeres. 

-¿Desde cuándo empezó a militar activamente en derechos reproductivos?

-A veces no nos damos cuenta de que son derechos muy nuevos. En la Declaración de los Derechos del Hombre aparece hombre solo, como en la Declaración de la Revolución Francesa, en la cual las mujeres fuimos excluidas deliberadamente. Durante años, estaba tan naturalizada nuestra incapacidad jurídica, histórica y social que yo creo que ni nos dimos cuenta, hasta que no estudiamos en profundidad, que no era un error; era deliberado, porque ya en ese momento en la Revolución Francesa hubo un movimiento muy importante de mujeres reclamando que se las incorporara, y se les negó expresamente; o sea, se las utilizó, como en tantos otros movimientos revolucionarios en mayor o en menor grado, donde las mujeres participan: la Revolución en Nicaragua, en cierto modo, en Cuba, nuestra historia, también, porque vos mirá que si tenemos mujeres, son mujeres que se destacaron porque acompañaron a sus hombres, porque empuñaron las armas, pero no en cuestiones civiles de sus derechos.

Entonces, creo que es muy interesante ver cómo empezamos a luchar por los derechos. Y los primeros no fueron aquellos por los cuales éramos carne de cañón del patriarcado, ni las cuestiones de los cuidados, ni nuestros derechos sexuales y reproductivos. Empezamos a luchar por el sufragio sin darnos cuenta de que, si no peleábamos, íbamos a votar, pero nos usaban, porque no éramos elegidas. Entonces, creo que, a veces, cuando nos impacientamos, no nos damos cuenta de la envergadura de los obstáculos que tenemos porque hacen a toda organización estructural de una sociedad donde se mueven tantos intereses; y los intereses humanos, desgraciadamente –los de las mujeres, los de los pobres, los de los niños– son los que, a veces, menos interesan. Entonces, por suerte, las mujeres empezamos a luchar contra eso; era la única forma que teníamos, porque a los hombres hoy, todavía, les cuesta mucho también, porque no es fácil reconocerse con errores o con dificultades en la vida, porque también ellos son un producto social.

Entonces, esto viene a cuento de cómo yo venía luchando, desde el punto de vista de mi profesión, por derechos de ejercicio de responsabilidad compartida, que fijemos juntos el domicilio, o sea, que estaba bien luchar por eso, pero no atacábamos los puntos más nodales de la dominación, del patriarcado.

Entonces, yo ahí ya empiezo a trabajar por los derechos sexuales y reproductivos. Cuando sale la Ley 418 de Salud Reproductiva en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires –que es una ley modelo–, luchamos para que se modificara, también, el decreto reglamentario.

- ¿En qué año?

2000. Fue una ley de avanzada, y la combatieron igual que ahora han combatido el aborto. Entonces, ahí ya empiezo. Y después, en la Asociación de Abogados, aunque parezca mentira que yo fui la primera mujer presidenta y, hasta ahora, dos nada más, yo y otra colega lo hemos sido. En los últimos años, recién cuando volvimos a la democracia, empezamos a hablar de divorcio vincular y de aborto, creo que di mi primera conferencia, que estudio, que me pongo a estudiar el tema y después publico unos artículos sobre la constitucionalidad de la interrupción voluntaria del embarazo en 2005. Y ya participo en el proyecto (de la Campaña por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito) de 2012.

-¿Por qué se tardó tanto en aprobar la ley de IVE?

La pregunta del millón era: todos estos años, ¿por qué la Argentina tiene hace ya años una Ley de Matrimonio Igualitario y una Ley de Identidad de Género y no lográbamos esto? Y yo creo: a veces, hay gente que se enoja cuando digo esto; en realidad, si vos pensás, la Ley de Matrimonio Igualitario no es una ley disruptiva: es una ley que invita a personas a entrar en una institución modelo de un determinado modelo de familia, y la Ley de Identidad, también. Si vos estudiás bien lo que se llama el control social, ves que, en última instancia, al entrar en el mundo de lo jurídico, vos también sos objeto de más control; te da muchos beneficios también, pero también tiene, lo que se me ocurre que es lo que Foucault llama “el disciplinamiento”, o sea, ir a la escuela está bárbaro, aprender es muy bueno, pero también es un orden que te va disciplinando en una función.

En cambio, el aborto es totalmente disruptivo, porque nos saca de una función, a la cual nos condenó o nos ordenó, o como lo quieras llamar, nuestra propia fisiología, porque nosotros nacemos con determinadas características y no son las mismas de los señores, fisiológicas. Entonces, que eso nos haga ser desiguales y se nos priven de derechos y se nos obligue a mantener en eso no es reconocer que no somos iguales, es reconocer que un grupo social se adueña y confunde, que los humanos no somos nada más que aquellas que tenemos la función reproductiva, sino que se nos otorga esa función básica. Pero, por otro lado, ojo, no se nos apropien, nos dicen: ‘ustedes son inferiores’. Lo humano es sinónimo de humano masculino. 

-¿Cómo vivió el día de la aprobación de la ley?

Para mí, una emoción muy enorme fue en 2018, aunque perdimos. Yo no lloré porque perdimos, yo estaba enloquecida de que habíamos ganado. Habíamos ganado con la conciencia social, salimos del clóset. ¿Vos te creés que algunas de las que estábamos en determinados puestos o las miles que hemos trabajado soñábamos que iba a haber un millón y medio de personas?, ¿que las nenas me persiguen para sacarse una foto, que todavía no entiendo por qué?

¿Cuál fue el fenómeno?, ¿qué transmitimos? Yo creo que fue como lo de las Madres, lo de las Madres es mucho más enorme, no es que me quiero comparar, pero no sé cómo decirte; es como que se transmitió un mensaje porque, si lo pensamos, ¿qué puede saber una nena de doce o trece años sobre el aborto?, que muchas de ellas todavía no ha tenido ni una relación. Pero creo que tuvimos la virtud por la conducta, por las redes solidarias, por las redes que se armaron de educación, de médicos, o sea, que se armó un mensaje a través de derechos humanos y que, entonces, fue como una vía de explosión de todo un cúmulo de derechos, de reclamo.

A mí me han invitado, ese año, a muchísimas escuelas y yo estaba con la boca abierta; chicos de catorce y quince años que te preguntaban todo, pero con una naturalidad, nada de amarillismo, y tenía trescientos, cuatrocientos pibes sentados en el piso escuchándome a mí o a otras compañeras sobre su derecho al cuerpo, al conocimiento, a que no pasara como nos pasó a muchas de las viejas que, por ahí, te casabas y no sabías qué era o qué te iba a pasar, y después tenías hijos y te seguían torturando más que ahora. Yo me acuerdo que estaba embarazada, por parir, y leía y venía el médico y me decía: ‘no, señora, ¿usted cree que va a poder leer?’ Ese micromachismo que no es tan micro, que te va marcando toda, que te va creando como un ser humano incapaz. Entonces me emociona mucho el cambio. 

Y después, tenía muchas esperanzas y sabía que iba a salir una muy buena ley; no me importaba que no fuera el proyecto de la Campaña, a mí me importa sacar derechos, y sé muy bien que es muy raro que un gobierno que quiere liderar una cuestión va a tomar un proyecto de una ONG o de un Movimiento, pero tomó todos los puntos más importantes de nuestro proyecto, salvo el que ya sabíamos, que era la objeción de conciencia.

-¿Está conforme con la ley conseguida?

Tuvimos que tener mucha paciencia, mucha contención a muchas compañeras que se impacientaban. Nos tocó un año que, te imaginás, entre el COVID…, pero lo bueno que tuvimos es que en ningún momento bajamos los brazos, y seguimos durante la pandemia haciendo cosas, en todos los órdenes, hablo de todas las compañeras en la Facultad, en otros lados, haciendo seminarios, o sea, manteniendo el tema, además, por la pandemia, había muchas mayores dificultades para que se consiguieran anticonceptivos, el tema de las mujeres encerradas en sus casas. Entonces, se mantuvo, yo sabía que iba a salir. 

Entendía que no querían que se conociera el proyecto; había tenido algunas reuniones muy a principio de año, lo que me daba confianza que el proyecto estaba en buenas manos; por otra parte, Vilma Ibarra había presentado un proyecto en 2010, sabíamos, tenían una base que no iba a ser un proyecto que retrocediera y, realmente, el proyecto del Ejecutivo es muy bueno. La ley es muy buena.

-¿Por qué es importante la ley de IVE?

Yo siempre dije que lo del aborto era muy importante, porque era romper con algo que nos ha arruinado la vida a las mujeres de varias generaciones, situar todo lo sexual en lo prohibido, en lo negro de lo que no se habla. Y eso es una red siniestra que ha penetrado y que hace que una niña que es violada, en vez de considerarse víctima, le dé vergüenza decir que la violaron. Si vas por la calle y un señor te robó, todo el mundo va a decir: ‘qué pena, cómo encima de que te robaron, te clavaron un cuchillo’. En cambio, ser violada, todavía… A una chica de San Juan, virgen, que la violan yendo a la escuela, le da vergüenza, no cuenta, pare un hijo que ni sabe, en una letrina, en la pobreza más grande, sola su alma y termina con condena perpetua porque el bebé se murió. O sea, eso es lo más importante. Que esto salga y que no haya vergüenza en decir que te clavaste un perejil y tengas que ver si entrás al hospital o no, o te dejás morir. Es sacarnos a las mujeres y su sexualidad del lado de lo prohibido, de lo que es vergonzoso y de que somos culpables. Y estamos avanzando mucho en eso. Mirá, hoy acaba de salir un fallo, yo estoy trabajando mucho con el tema de niñas embarazadas y el tema de cómo las convencen cuando van a pedir el aborto. Hoy salió un fallo que me da muchas esperanzas, que revoca la absolución a una psicóloga que hace dos años se metió en el hospital, cosa que hacen las antiderechos, y a una niña de doce años violada y embarazada por su padrastro, que estaba con la mamá porque iba a hacer un aborto, la “meloneó” y la convenció para que siguiera el embarazo. Y ahora se pudo probar todo eso. 

O sea, que yo tengo mucha esperanza en que esto vaya cambiando algo que es imprescindible, y que tiene que ver también, creo yo, con los femicidios porque dejamos de ser cosas también. Si vos no podés decidir cuándo vas a tener un hijo… Yo no puedo entender a los antiderechos, ¿cómo se meten en algo, ellos, que defienden lo privado, se meten en algo tan íntimo? Las mujeres, hasta que no salió esta ley y hasta que no haya una despenalización mayor, seguimos siendo incapaces, porque si yo no puedo decidir cosas tan fundamentales... 

Y, por suerte, acá en la Argentina, tuvimos la Constitución de 1994 y los tratados de derechos humanos, con todas las deficiencias que tiene Naciones Unidas y ONU Mujeres. Para nosotros fueron argumentos muy importantes jurídicamente porque, realmente, no es que lo inventamos. 

Otra cosa que aprendí, a través de estos años, es cómo ahora se habla del lawfare; todos hemos tenido esa experiencia con los discursos de los antiderechos: cómo te muestran un video que es un parto y te dicen que es un aborto o cuando te citan un pacto internacional por la mitad. O sea, es muy difícil luchar contra la mentira, y lo vimos con la historia de las dos vidas. Además, vos mirá cómo la Iglesia, porque antes era más sencilla la pelea, porque alguien decía que, bueno, el embrión tiene vida porque tiene alma, Dios le dio alma. Bueno, el señor puede pensar eso tranquilo, pero no me puede imponer eso que es una creencia pura. Pero, después, empezaron con el tema de los genes; si yo tengo los mismos genes que el embrión cuando soy adulto, entonces, ¿somos meros genes nosotros?, ¿no tiene nada que ver lo que nos pasa en la vida desde que nacemos? Entonces, esta historia de las dos vidas es una falsedad total, porque “vida” no es un concepto científico en sí mismo.

Así que, yo estoy muy esperanzada y, además, creo que hubo una política, tardamos años, pero vos mirá que eso sirvió para que se fueran creando estas redes; esto lo saco de Marta (Alanis) que, el otro día, hablamos de esto, se creó como un árbol, se ramificó la campaña: las redes profesionales, las facultades con las cátedras libres, las socorristas, las actrices, los profesionales por el derecho a la salud, las docentes; y eso fue conformando una red en todo el país; eso fue creando una conciencia diferente, y lugares donde se empezó a hacer, y que son muy útiles hoy en día, ¿no?

La aprobación de esta ley da cuenta de lo importante que es un gobierno con decisión política en estos temas.

Esto fue un triunfo colectivo y que pudo articular con un gobierno que escuchó, que es imprescindible, porque vos mirá lo que nos pasó con Macri. Cuando Macri habilitó, se dudó un poco qué hacer, porque era medio complejo, aceptamos el desafío –cosa que hicimos bien–, pero lo de Macri era una cuestión falsa totalmente; abrió el debate, largó la mano y empezó a decir que apoyaba a los provida. Entonces, yo estoy muy contenta y, además, curiosamente, esto ha despertado todo un movimiento en toda América Latina. 

Por Sonia Santoro
@sonialsantoro
Lic. en Comunicación
Coordina el Observatorio de Igualdad de Género de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires