Entrevista a Eva Gilberti por Sonia Santoro | #5

“El deseo de matar del varón hacia la mujer está instalado”, dice Eva Giberti, consultada acerca de cómo erradicar la violencia hacia las mujeres. “Hay que hacer política, negociar, legislar, ocupar lugares públicos y juzgar a los sujetos que deben ir a prisión. ‘Erradicado’ es una palabra mayor”. Palabras de la gran maestra psicoanalista y feminista.

Eva Giberti es fundadora de numerosos espacios, cátedras y programas que desde mediados del siglo pasado dejaron huella en el país. Por citar solo algunos espacios, en 1998 fundó el Foro de Adopción, en la Asociación de Psicólogos. En la UBA en los ochentas fue invitada a hacerse cargo de la Cátedra de Violencia Familiar. Mientras seguía creando cátedras, en los comienzos del año 2000 ingresó en la vida de funcionaria, en el Consejo de Niños, Niñas y Adolescentes, donde recreó el registro de adoptantes. Todo ese tiempo, además, fue divulgadora por distintos medios y escribió una treintena de libros, entre ellos, Abuso Sexual contra niños y niñas (2015), Incesto paterno filial (2014), Adopción Siglo XXI (2010).

Invitada por el gobierno de Néstor Kirchner, creó su máximo orgullo hasta el momento: el Programa “Las víctimas contra las violencias”, que coordina desde entonces. En 2016 recibió el Premio Konex de Platino a los Estudios de Género. Al mismo tiempo, fue nombrada Dra. honoris causa en Psicología por la Universidad Nacional de Rosario y la Universidad Autónoma Nacional de Entre Ríos (2010). Durante la pandemia contestó por escrito las preguntas planteadas desde Ciudad Violeta. Se disculpó por la brevedad, pero dijo que tendría que estudiar todo de nuevo, para responder preguntas tan ambiciosas.

- Usted llevó el feminismo a un público masivo antes del hito que significó el #Niunamenos en nuestro país y en el mundo, y también le ha hablado a las feministas. ¿Cómo lograr la profundidad necesaria y la llanura para que el discurso no sea cerrado para unas pocas?

Gracias por las preguntas. Supongo que se trata de hablar para entenderse una misma de manera tal que una sea como las otras; ser explícita, sin ocultamientos y sin temor de “chocar” con los modos de decir de quien escucha. Lograr que a una la escuchen es un éxito aunque sea para pelear.

- Vivió las grandes luchas del movimiento de mujeres y los feminismos del siglo pasado, ¿qué es lo que valora de hoy?

Valoro todo.

- Este es un momento de confluencia de los movimientos feministas, de mujeres y del colectivo LGBT. Esa convivencia a veces es ríspida, pero al mismo tiempo le da una potencia muy grande al movimiento ¿Cómo lo ve usted? ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué no deberíamos perder de vista?

A dónde vamos es un problema para los otros, otras y otres. Nosotres/os/as vamos con el ánimo alerta y construyendo sin ruta con señales luminosas que alerten.
No perder de vista a quienes pueden distraerse porque se sientan muy distantes de las grandes ciudades y entonces les parezcan extraños los avances que las sorprenden.

- Uno de sus mayores orgullos, ha dicho alguna vez, fue la creación del Programa “Las víctimas contra las violencias”, ¿por qué?

Porque pudimos hacer lo que entonces era inimaginable y lo hicimos posible. Avanzamos sobre los violentos, protegimos a quienes debíamos proteger y denunciamos permanentemente a los medios de comunicación que vulneraban nuestros derechos, lo mismo que cuanto pudimos entrenamos a las fuerzas de seguridad para que respondieran con sanciones por sus arbitrariedades.

- ¿La articulación entre temas de infancia y género todavía cuesta en ciertos feminismos e incluso en los organismos del Estado?

Es mucho lo que cuesta en determinados niveles. No nos iban facilitar la revolución en ningún área. Tendremos que ilustrar a lxs funcionarios y a lxs propixs colegas.

- ¿Cuáles han sido los avances de los últimos años en los dispositivos de asesoramiento y acompañamiento a personas que sufren violencias por razones de género y de la línea 137?

Avances hay algunos, escasos. Nos matan, maltratan, la justicia no alcanza, es tardía y está repleta de prejuicios, pero hemos avanzado en lo que se consigue si se lo compara con décadas anteriores. Son muchas las víctimas con las que llegamos a tiempo y otras son protegidas, pero no suficientemente.

- Usted pregonó hablar de violencia contra las mujeres más que violencia de género, ¿puede explicar el motivo?, ¿sigue pensando lo mismo?

Actualmente “violencia de género” abarca a muchas personas. Cuando se dice “de género” se escamotea que sea contra las mujeres, parece una avanzada pero no lo es. Siempre hay prejuicio por temor a tratarnos como víctimas y cuando estamos destruidas por los golpes y las injusticias sin reparación, lo somos. Es un orgullo idiota no querer llamarse víctimas si no hay defensa y están a punto de morir.

- ¿Qué es lo que todavía falta para que la violencia contra las mujeres sea erradicada?

“Erradicada” es una palabra soberbia propia de los varones. Hay que hacer política, negociar, legislar, ocupar lugares públicos y juzgar a los sujetos que deben ir a prisión. “Erradicado” es una palabra mayor. El deseo de matar del varón hacia la mujer está instalado.
Para hablar del goce de matar instalado en el varón precisaría escribir mínimamente una monografía que arrancase de los primates mayores y ahora no puedo.

Por Sonia Santoro
@sonialsantoro

Programa de Atención de Niñez, Adolescencia y Género en la Defensoría del Pueblo de la CABA
Periodista especializada en género
Lic. en Ciencias de la Comunicación