Romper las viejas estructuras para construir una sociedad de iguales | NI UNA MENOS #3

Desde aquel 3 de junio de 2015 la Defensoría, como institución protectora de derechos, ha acompañado el reclamo de millones de mujeres a lo largo y ancho del país en ese sentido grito: “Ni una menos”

La desigualdad entre hombres y mujeres no es un tema nuevo, pero es uno que todavía genera fuertes contradicciones en nuestra sociedad moderna. Esta histórica “subordinación” de género ha producido una amplia brecha en la división de roles en el mundo del trabajo, en el entorno cultural y en el ámbito doméstico. Esta relación de desigualdad, también se ve reflejada en la cosificación de los cuerpos femeninos, utilizados por la cultura dominante como mercancías u objetos sexuales. La lucha por la igualdad y la plena vigencia de los derechos de las mujeres como derechos humanos alcanzó un importante reconocimiento en los tratados internacionales, y en el debate y sanción de normas nacionales fundamentales en la ampliación y el reconocimiento de la igualdad. Sin embargo, la cultura dominante todavía sigue impregnada de estereotipos de inferioridad y subordinación. La máxima expresión de esto son los femicidios. En las relaciones interpersonales hay un núcleo duro del machismo tradicional que no acepta la autonomía de las mujeres ni su capacidad para decidir el fin de una relación. Por ello las violencias hacia las mujeres han recrudecido en los últimos años, configurando la más cruel estadística de femicidios que avergüenzan a toda nuestra sociedad. El movimiento feminista ha logrado mucho en estos últimos cinco años, desde el primer Ni una menos hasta hoy, concientizando a una gran parte de la sociedad y visibilizando una problemática que nos afecta a todos, pero sobre todo a las mujeres. Para mí hoy ser feminista es la revolución que está en marcha en el planeta, porque propone terminar con un modelo que lo inventamos y lo construimos nosotros, y donde pusimos las condiciones los varones. Un modelo que mata. Es importante no tomar al feminismo como una ola, porque la ola es corta y vuelve rápido. Tomemoslo como un tsunami porque éste arrasa con todo y rompe las estructuras. El feminismo tiene que romper las estructuras desde raíz del patriarcado en todas y cada una de las situaciones que se viven en la humanidad. Creo que es imperioso que se dé un cambio cultural, para que ya no haya más necesidad de hacer marchas reclamando que mujeres dejen de morir por su condición de mujer. Y eso depende también de nosotros, los varones. Tenemos que estar al lado de las mujeres, acompañándolas, pero haciéndonos cargo de que si hay femicidios es porque hay varones que son responsables y el cambio debe empezar por nosotros. Sólo de esta manera el #NiUnaMenos dejará de ser una consigna y se convertirá en una realidad. Hasta que eso pase, estaremos exigiendo a los poderes del Estado la ampliación y fortalecimiento de políticas públicas, en especial de los servicios de atención integral a las víctimas. Como funcionario y como varón, asumo mi compromiso con la lucha por erradicar todas las formas de violencia contra las mujeres y aportar al desarrollo de políticas públicas que hagan efectiva la igualdad de género, para asegurar a las mujeres, a niñas y adolescentes el derecho a vivir una vida libre de violencias.