La desigualdad laboral, otra forma de violencia | EQUIDAD SALARIAL #2

“Tareas domésticas y de cuidado no es amor es trabajo no pago”. Esta frase, acuñada por la filósofa y antropóloga feminista italiana Silvia Federici, se ha convertido en uno de los tantos reclamos que el colectivo de mujeres ha llevado adelante. Se trata de una denuncia que visibiliza la desigualdad que existe de manera real y concreta en la forma en la que se dividen las tareas domésticas, en las que las mujeres ocupan tres horas diarias más que los varones, según el informe “Uso del tiempo y economía del cuidado”, realizado en base a datos de la “Encuesta sobre Trabajo No Remunerado y Uso del Tiempo” que hizo el INDEC en 2013. Esta carga horaria aumenta en las mujeres de familias con menores recursos, que le dedican ocho horas a estas tareas, ya que no pueden pagarle a otra persona para que las haga. A su vez, el trabajo como personal doméstico, que en la mayoría de los casos está precarizado, es ocupado por mujeres en un 95 por ciento. Se trata también de una denuncia que abarca la brecha salarial que se da en el ámbito laboral, que hace que las mujeres cobren en promedio entre un 18 y un 27 por ciento menos que los varones.
En el contexto actual de la pandemia producida por el COVID-19, la Organización de las Naciones Unidas emitió un informe alertando cómo afecta diferencialmente a las mujeres ya que ellas desempeñan un papel fundamental en la respuesta al virus: el 70 por ciento del personal de salud en la primera línea de combate, así como en el área de trabajo social, son mujeres. Esto se suma a otras complejidades, como la carga desproporcionada del trabajo no remunerado en tareas de cuidado que ellas desarrollan. En nuestro país, 69 de cada cien trabajadores/as del sector de salud son mujeres. Este número ascienda a 82 en el servicio de enfermería. Estos números no abarcan al personal de limpieza de los establecimientos sanitarios que también son, en su mayoría, mujeres. Estos números ponen de manifiesto la gran presencia femenina en tareas esenciales. Sin embargo, esta importancia muchas veces no se ve reflejada en sus ingresos. En el mundo que se viene –post pandemia- donde lamentablemente habrá puestos de trabajo perdidos, debemos poner especial énfasis en cuidar que esta desigualdad no se acreciente y que mujeres y varones tengan las mismas oportunidades para recuperar sus trabajos sin condicionamientos de ningún tipo. Actualmente, a nivel mundial, las mujeres sólo ganan 77 centavos de dólar por cada dólar que ganan los hombres, según datos de ONU Mujeres. Esta es una causa fundamental de desigualdad en términos de ingresos a lo largo de toda la vida. El organismo establece que, al ritmo actual, esta brecha tardará 70 años en cerrar. No podemos esperar tanto tiempo. Según un informe de este año realizado por la firma estadounidense de recursos humanos “Mercer”, las mujeres representan el 47 por ciento del personal operativo y el 42 por ciento de los puestos profesionales, pero solo el 29 y el 23 por ciento de los puestos directivos y ejecutivos, respectivamente. Parece mentira que aún hoy, después de tanta lucha y tanto esfuerzo, estos números sigan existiendo de esta manera. Es muy injusto que a pesar de todos los esfuerzos realizados no se haya podido abrir ese techo de cristal y ascender a en igualdad de condiciones. La brecha salarial es una de las violencias que generan el resto de las violencias. La violencia de genero nos atraviesa a toda la sociedad, desde los micromachismos hasta su expresión máxima y más atroz que es el femicidio. Por eso hoy desde el confinamiento seguimos produciendo esta revista, porque nos parece esencial mantener estos espacios de reflexión, para visibilizar todas las violencias y las desigualdades, pero sobre todo para terminar con ellas.