Un espacio de reflexión | CIUDAD VIOLETA #1

Desde la Defensoría hemos asumido como eje de nuestro trabajo la defensa de los derechos de las mujeres. Esta defensa implica escuchar sus reclamos, acompañar, discutir, generar espacios de reflexión y participar activamente en la realización proyectos de leyes y políticas públicas para compensar las desigualdades que ellas viven a diario. Y esta propuesta, Ciudad Violeta, forma parte de esas iniciativas. Así fue como a partir del duro trabajo de los equipos de la Defensoría, y con un incondicional apoyo de organizaciones como La Casa del Encuentro, hemos impulsado leyes tales como la Ley Brisa y el reciente proyecto de ley para establecer un Registro único de víctimas de violencia de género en la Ciudad de Buenos Aires Desde hace ya varios años el 8M ha cobrado una fuerza inconmensurable, donde millones de mujeres a lo largo del país salen a las calles a expresarse y a reclamar igualdad. Esta marcha se ha convertido, a mi juicio, en una marcha de esperanza. Argentina se ha vuelto pionera en impulsar hace cuatro años el primer Paro Internacional de Mujeres y hoy su ejemplo es seguido en todo el mundo. Los reclamos son varios, y su impacto influye en la realidad que vivimos. Muchas veces, de manera consciente o inconsciente, no prestamos realmente atención a lo que le sucede a una mujer. Entender lo que viven en el ámbito laboral, familiar y social implica cuestionar comportamientos que se encuentran muy arraigados en nuestra cultura. Uno de estos ejes está en la participación en el mercado del trabajo, donde la tasa de actividad es sólo del 49% en las mujeres, un número muy bajo en comparación con los varones, cuya tasa es del 69,5%. Otra cuestión central es la paridad salarial. Hoy hay una diferencia promedio entre los ingresos del 25%, lo cual pone en evidencia que el concepto de “a igual trabajo, igual remuneración” no se cumple. También, dentro del ámbito laboral, está la problemática de los acosos y la violencia simbólica que se ejerce sobre las mujeres. Tiene que ver con lo que se denomina “micromachismos”, pequeñas actitudes que durante muchos años estuvieron naturalizadas. Frente a esto, dentro de la Defensoría hemos elaborado, con la participación de los sindicatos, un protocolo de prevención y actuación en situaciones de violencia por razones de género. Por otro lado, se discute la participación femenina en espacios de liderazgo y conducción. Esta situación se pone de manifiesto en el sector público y privado, en la Justicia, sobre todo en los niveles más altos; en los cargos alto de las empresas; y muy fuertemente en los sindicatos. ¿Acaso no hay mujeres con la misma condición? Claro que las hay, con la misma capacidad e incluso superior. El problema está en que no tienen la misma posibilidad de llegar a esos puestos. Celebramos que el Gobierno Nacional haya incorporado mujeres en su equipo de trabajo, mujeres al frente de Ministerios y Programas. Mujeres que van a tomar decisiones trascendentales para nuestro país. Esto es un avance. Sin embargo aún queda mucho por desandar. Es menester preguntarnos, los varones, como siempre terminamos impidiendo el acceso de las mujeres a los niveles de conducción. Debemos aprender a reconocer el rol de la mujer en igualdad de condiciones con el de los varones. Y el horror de la violencia machista es la que muchos hombres ejercen sobre los cuerpos de las muejres, cuya expresión más cruel es el femicidio. El último informe de La Casa del Encuentro reporta que durante el 2019, una mujer muere cada 29 horas en manos de un hombre. La situación se vuelve realmente apremiante, incomprensible, imposible y somos nuevamente los varones quienes debemos comenzar a cambiar. Porque por cada femicidio, hay un hombre detrás. Un asesino. La igualdad de oportunidades, la igualdad de derechos es lo que corresponde a los tiempos que vivimos. Para eso, tenemos que empezar a deconstruir una cultura en la que se constituye a la mujer como un objeto, que la ubican en un lugar de inferioridad y subordinación. Hacer valer la igualdad de género en toda su plenitud es un compromiso que asumo como varón y como funcionario. Debemos transformar esta ola feminista en un tsunami para que cambie desde lo cultural hasta la norma, arrase con la cultura patriarcal, y la equidad entre varones y mujeres sea real y definitiva.